1. El Hombre que No Debía Cantar


    Fecha: 26/10/2026, Categorías: Dominación / BDSM Hetero Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30

    ... una hora. Un punto de encuentro.
    
    Cuando llegó, un vehículo oscuro ya la esperaba. Sin distintivos. Vidrios polarizados.
    
    Ella dudó.
    
    Pero subió.
    
    No sabía que ya no iba a volver.
    
    El viaje duró horas. No hubo conversación. Ni señales. Ni recepción telefónica.
    
    Cuando aterrizaron —porque sí, hubo un vuelo, aunque nunca vio el aeropuerto—, no estaba con Leandro.
    
    La bajaron primero, sola.
    
    La condujeron por un camino estrecho, entre árboles.
    
    Luego un pasillo.
    
    Luego una sala blanca.
    
    Luego una ducha sin agua caliente.
    
    No le dieron ropa. No le explicaron por qué. Solo le ordenaron: “Quítese todo.”
    
    Y ella obedeció.
    
    Temblaba, pero no preguntó.
    
    No porque confiara, sino porque algo en el silencio del lugar le dijo que preguntar no iba a cambiar nada.
    
    Se notaba su cuerpo desnudo bajo la luz clínica. No había mantas. No había toallas. No había compasión.
    
    Solo una cámara en una esquina. Y al otro lado del vidrio, alguien observando.
    
    Durante un instante, pensó en gritar. Pero no lo hizo.
    
    Luego la sentaron frente a una mujer con bata.
    
    No le ofreció su nombre. Ni le pidió el suyo.
    
    Solo dijo:
    
    —Ahora eres nuestra.
    
    Y después, silencio.
    
    Y después, silencio.
    
    Pasaron tres días antes de que viera al cantante.
    
    Esa noche, Leandro cantó sin saber que ella estaba al otro lado del muro.
    
    Sin saber que lo que había ido a hacer no era arte, ni espectáculo, ni cultura.
    
    Era carnada.
    
    La gala era una fachada. Una reunión de ...
    ... compradores.
    
    A algunos les interesaban cuerpos.
    
    A otros, obediencia.
    
    A otros, sufrimiento medido.
    
    A otros, la sensación de poder.
    
    Alma sobrevivió en la Reserva porque no gritó.
    
    Porque entendió rápido que la única forma de seguir viva era hacerse invisible.
    
    Ser dócil.
    
    Ser sumisa.
    
    Fría, pero no rota.
    
    Esa era la clave.
    
    No darles ni más ni menos de lo que pedían.
    
    Una vez —la primera vez— la sentaron sola, frente a un espejo.
    
    Le ordenaron masturbarse.
    
    Sin voz alta, sin reacción. Solo una orden seca: “Hazlo. Que se note.”
    
    Ella no lo entendió al principio. Pensó que era una prueba.
    
    Para los presentes fue sorpresa verla abriéndose de piernas y pasarse los dedos por su vagina hasta metérselos dentro, el dedo medio se lo metía lo más que podía.
    
    Lo hizo porque entendió que tomar el control de su propio cuerpo —aunque fuera dentro del juego de ellos— podía darle una ventaja.
    
    Sabía que si lo hacía rápido, sin temblores, sin tartamudeos, les robaba el morbo.
    
    Un hombre se le acercó lentamente. Pasó una mano por sus piernas, la subió por su abdomen y apretó uno de sus pechos de muy buen tamaño. Le ordenó ponerse de pie, Alma lo hizo, obediente quedando justo a aquel hombre. Este mientras tanto se deshacía de sus pantalones y de su ropa interior. La atrajo hacía él abrazándola ya agarrándole el culo con ambas manos. Se encorvó para penetrarla sin usar sus manos, el glande fue entrando, Alma estaba húmeda, por lo que la penetración se hizo ...
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