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El Hombre que No Debía Cantar
Fecha: 26/10/2026, Categorías: Dominación / BDSM Hetero Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30
... color carne. Panties altos, de algodón, que no ocultaban ni disfrazaban nada. Era ropa funcional. Clínica. Seleccionada para mostrar, no para proteger. Y en ella, su cuerpo era imposible de ignorar: las grandes tetas, la cintura definida, las caderas amplias. No había piel desnuda, pero no hacía falta. Su volumen hablaba por ella. Y él lo sabía. No había vigilancia visible, pero Alma sabía que los ojos no se habían ido. Él caminaba como si no supiera qué hacer con las manos. A veces las metía en los bolsillos. A veces las sacaba. A veces las cerraba. Cuando hablaron por fin, fue él quien lo hizo. —¿Sabes por qué estás aquí? Ella no respondió. —Tú… no gritaste. Ni una vez. Se detuvo. Se giró hacia ella. Ella no bajó la cabeza. No desvió los ojos. —Tú abusaste de mí —dijo. Con la misma calma con la que una persona afirma la hora. Él respiró hondo. No la negó. Tampoco se defendió. —Me llamo Gael —añadió después. Eso sí fue raro. Ninguno le había dicho un nombre. —Hoy te voy a evaluar. Nada que no se haya hecho antes. Pero su voz no encajaba con el contenido de sus palabras. Había titubeo. Matices. Como si una parte de él no estuviera cómoda cumpliendo el guion. Y Alma lo notó. Pero ella ya sabía lo que esa palabra significaba ahí dentro. Siguieron caminando por el sendero. Las ramas crujían despacio bajo sus pies. El aire era denso. Casi limpio. Y luego, al final de un tramo en pendiente, apareció la ...
... roca. Alta. Maciza. Se alzaba hacia el cielo con forma de flecha, como si alguien la hubiera sembrado allí con una intención ritual. A su sombra, un joven. Sentado. Solo. —Acércate a él —ordenó Gael. Alma se detuvo. Por primera vez desde su llegada, titubeó. No por miedo. No por sorpresa. Sino por edad. Él no era como los otros. No era un cliente. No era un ejecutor. Era un chico. Tendría alrededor de 14 años, pensó ella. No tenía la mirada entrenada. Ni el cuerpo endurecido. La vio acercarse y tragó saliva. Tenía el rostro limpio. El cabello revuelto. Semi desnudo como ella. Y sobre todo, parecía confundido. —¿Él también… está siendo evaluado? —preguntó. No a Gael. A nadie. Pero nadie respondió. Alma supo entonces que la prueba no era para ella sola. El joven parecía tener instrucciones claras. Actuaba en automático, como quien ha repetido una secuencia muchas veces en la cabeza. Pero aun así, se le notaba el temblor. En los dedos, en la respiración, en el modo en que apretaba los dientes al mirarla sin mirar. Alma no se movió cuando la tomó del brazo. Lo hizo con suavidad, pero sin pedir permiso. La condujo hasta el suelo, junto a él, bajo la sombra de la roca. El terreno era seco, tibio. El aire estaba inmóvil. Se sentaron. Durante un momento, no pasó nada más. El chico tragó saliva. Su mirada vacilaba entre la obediencia y el pudor. Luego, casi con torpeza, rozó el abdomen de ...