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El terapeuta y el trauma de su paciente
Fecha: 27/10/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Gays Incesto Autor: pisofshet, Fuente: SexoSinTabues30
La terapia que yo hago no sigue las líneas tradicionales. Yo no creo, sé que el mundo está equivocado. Que hay un ciclo natural que el ser humano ha intentado romper por generaciones, y es mi misión ayudar a que se cumpla. Hay que admitir una verdad, y esa verdad es lo que mueve mi enfoque psicoterapéutico. Creo que el hombre es un animal y debe respetar sus instintos animales. Es así como mi trabajo se ha enfocado en ayudar a los más incomprendidos. Aquellos a los que les han asignado injustamente tantas etiquetas: «pedófilos», «violadores», «degenerados». Pero yo veo más allá de eso. Veo a seres humanos que luchan contra la sociedad que los juzga y que anhela reprimirlos. En mi consulta, brindo un refugio, un entendimiento genuino a las personas que son las que se atreven a dar rienda suelta a sus instintos más primitivos Gonzalo era un joven de 26 años que claramente tenía algo que lo perturbaba. Al entrar a mi consulta, su mirada se posó en el suelo, evitando el contacto visual. Su postura encorvada y su rostro demacrado le hacian imposible disimular su dolor arraigado. El aire se llenó de un silencio tenso al que ya estoy más que acostumbrado. «Mucho gusto, Gonzalo. Cuéntame qué te trae por aquí hoy.». «No sé cómo decirlo. Verá, mi papá…» Ya sabía perfectamente para donde iba todo, pero sabía que tenía que ir a su ritmo. «Las relaciones con los padres son muchas veces complejas. Muchas veces nos exigen que todos tengamos la familia perfecta, pero eso ...
... nunca existe. Aquí estás en confianza y nadie está para juzgar a nadie No hay nada aquí de qué avergonzarse» Gonzalo se largó a llorar, su corazón se quebrantaba «Desde que tenía 5 años» Dijo entre lagrimas. «A los 5 años que me empezó a tocar… a violar.» «Llora todo lo que quieras. Es muy bueno desahogarse cuando se ha guardado un peso tan grande por tantos años», dije con calma, entregando a Gonzalo una caja de pañuelos. «Pero no estás solo», le dije. He tenido muchos pacientes que han atravesado lo que tú has sufrido. Y te garantizo que saldrás con más calma de aquí.» «¿Cómo podré calmarme?», gimió Gonzalo con sus ojos rojos del llanto. «Con estos casos, lo que suelo hacer es un trabajo llamado resignificación. La idea es que salgas cambiando tu visión de lo que te pasó. No te estoy pidiendo que lo aceptes, sino que lo veas de una forma distinta. «Ok» Dijo Gonzalo con tono de duda «¿Cómo podria ver algo distinto del hecho que mi propio papá me viole?» «Partamos dejando de lado la violación ¿Cómo era tu padre contigo en general?» le inquirí, con la intención de profundizar en la dinámica de su relación. Gonzalo se secó las lágrimas con el borde del pañuelo. «Solo me tocaba de noche, por la mañana era… era un papá normal.» «¿A qué te refieres con un papá normal?», continué con suave insistencia. Gonzalo suspiró profundamente. «Me levantaba temprano, me preparaba el desayuno, me acompañaba a la escuela. Hacía cosas que creo que todos los padres ...