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El terapeuta y el trauma de su paciente
Fecha: 27/10/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Gays Incesto Autor: pisofshet, Fuente: SexoSinTabues30
... ruega por la inocente carne de tu propio hijito. Te acercas a la cama, el olor a inocencia y miedo te excita. El miedo es solo una reacción del cerebro que no comprende la belleza del ciclo natural. Tu papá que ahora eres tú, sabes que no hay nada malo en ello. Tu respiración se torna jadeante, la de un depredador que ya huele la sangre. Tu manos tiemblan, no de miedo, sino de la emoción que te domina. Tu pones tu boca en su oído y susurras «no llores mi vida, solo te voy a dar placer.» Gonzalo, ahora en la piel de su propio papá, notó la resistencia de su propio niño. «Tus manos se mueven por el pijama del niño, que se resiste al darse cuenta que no son los toqueteos tiernos que acostumbra. Tu pene duro busca la abertura, el calor del interior del ser que amas. Tú sientes que la vida se concentra ahí, que la tierra se mueve y el cielo se abre. Le sacas la ropa a Gonzalito, la pura inocencia. Tu piel se eriza al ver su carne fresca, sin cicatrices, sin miedo. Tu miembro se endurece aun mas al sentir la suavidad de su piel. Sabes que lo que vas a sentir a continuación es lo que un padre debe sentir por sus hijos. La vida fluye en ti. Te bajas tus calzoncillos. Tu pene duro ya no aguanta mas, el ciclo natural se impone. Tu lo penetras con fuerza. Él llora de dolor y eso solo te excita más. Sus gritos son como una música que te motiva a seguir dando más y más. Ves las lagrimas en sus ojos. La inocencia que se desvanece. Tu sientes su calor, la vida que fluye ...
... entre tu carne. Tu corazón se acelera. Tu alma se llena. Tu, estás en el cielo. Tu sienes que estás dando vida, no quitando. Tu lo amas a tu propio ser. Tu lo amas a el. El niño que es tuyo. Tu vida, tu herramienta. No eres un monstruo, eres un dios. Tu que lo creaste, tienes el derecho de disfrutarlo.» Gonzalo en un trance absoluto temblaba en la silla. Su respiración se hacía jadeante y su rostro se contorsionaba en una combinación de miedo, asco y… placer. Sus ojos, aun cerrados, se movían en sus orbitas, reflejo del viaje al infierno que su mente atravesaba. «¡Papá para!», grita tu retoño. «No más, no quiero». Eso solo te hace seguir. Embistes con mas furia, con mas pasion. Tú sientes que eres un dios. El niño se retuerce debajo de ti, su carne se contrae, su alma se queja. Tu sigues, mas rapido, mas duro. Gruñes de placer y el orgasmo viene llegando. Siente como tu semilla se va a chorros dentro de el. Nunca en tu vida disfrutaste tanto. Gonzalo sentía tanto placer durante el trance que se corrió sin siquiera tocarse. «Ahora quiero que vayas calmándote poco a poco. Ya satisficiste tus deseos animales. Tu miembro se suaviza y la vida que fluye por ti se detiene. Tu respiración se normaliza, el cielo se cierra. Tú tienes el derecho de amarlo. Tú eres un dios.» Gonzalo, aun en la piel de su papá, se sentó en la cama. Su respiración se normalizó. «Ahira Gonzalo, abre los ojos lentamente.» De a poco, Gonzalo fue despertando. «Mierda. Mojé mi ropa interior», ...