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🔥 Sudor, Hormonas... y Marcos (8)
Fecha: 27/10/2026, Categorías: Gays Autor: internauta, Fuente: TodoRelatos
... piensas que me olvido de ti, o qué? Tú sigues sin decirme nada, ¿eh? No contestas. ¿Qué pasa, que ya no piensas en mi rabo? ¿Ya no sueñas con tragártelo? Pues te recuerdo que es mío, maricona, ¿me oyes? Todo este tiempo me lo debes, y te lo voy a meter hasta que llores si hace falta. No juegues conmigo, no me vaciles. Te doy un aviso: a la próxima que me ignores, te busco yo mismo y te arrastro de los pelos, ¿entendido? Respóndeme. Ya.” El tono de Raúl le taladraba el cerebro. Ni siquiera era gritado, era un susurro grave, cargado de una seguridad brutal, como si hablara de algo que ya era suyo de antemano. Marcos tragó saliva, intentando respirar. Pulsó el siguiente audio: “¿Sigues ahí, maricón? Te imagino escuchando esto con la polla tiesa. Porque sé que la tienes tiesa, no mientas. Me la suda que llores o que te de vergüenza. Te gusta que te humille, ¿verdad? Te pone. Y me encanta que seas tan puto cobarde, Marquitos. Tú vas a obedecerme cuando te lo diga, y vas a tragar como la perra que eres. No me hagas esperar.” La garganta de Marcos se secó de golpe. Notaba cómo sus pezones se erizaban debajo de la camiseta, casi incómodos, y tuvo que apartar el móvil de la oreja un segundo, cerrando los ojos. Unos pasos sonaron en el pasillo. Se sobresaltó: estaba todavía en la facultad, apoyado en la pared de un pasillo, casi a punto de correrse solo con aquellos audios. Se metió al baño más cercano, bloqueó la puerta y respiró con la cara pegada al azulejo ...
... frío. Quedaba otro audio. “Y te voy a decir otra cosa, Marquitos… la próxima vez que me dejes en visto te juro que te voy a hacer comerte la corrida de mis colegas, ¿entiendes? Así que no me vaciles más. Mira el vídeo que te mandé otra vez. ¿Lo recuerdas, no? A esa tía le metí la polla hasta el fondo, casi se ahoga, y tú, pedazo de maricón, vas a pasar por lo mismo. Contéstame antes de esta noche. O vendré a buscarte donde haga falta.” Se le escapó un gemido bajito, involuntario, que rebotó en los azulejos del baño. Marcos se deslizó hasta quedarse medio agachado, apoyado contra la puerta. Tenía la polla como una piedra dentro del pantalón, tan dura que dolía. La imagen de Raúl, follándose a aquella chica, la fuerza brutal con la que la agarraba, la manera de clavarle la polla sin piedad… le habían perseguido cada noche desde que se lo mandó. Y ahora le decía que él sería el siguiente. Se llevó una mano al paquete, incapaz de aguantar. Se apretó con desesperación, notando el calzoncillo empapado, casi con rabia contra sí mismo. ¿Por qué coño le ponía tanto aquello? Le vino un recuerdo a la cabeza: Raúl levantándole la camiseta la última vez en casa de Diego, restregándole la cara contra sus huevos, oliéndole el sudor. Y él, temblando, duro, casi sin respirar. Empezó a tocarse más fuerte, la frente pegada a la puerta del baño. Se sentía un animal, un asqueroso. La vergüenza le encendía la sangre, le quemaba las mejillas. Pero no podía parar. Raúl le ...