1. 🔥 Sudor, Hormonas... y Marcos (8)


    Fecha: 27/10/2026, Categorías: Gays Autor: internauta, Fuente: TodoRelatos

    ... ojos—. Hoy te vas a portar, o la próxima te la meto hasta el fondo.
    
    Marcos no podía ni pensar. Tenía la polla tiesa, las manos sudorosas, y la cabeza a punto de estallar. La palabra“la próxima” le retumbó como un látigo: sabía que más pronto que tarde acabaría con la boca llena.
    
    Raúl empezó a mover las caderas, follándose su mano con golpes suaves, midiendo la presión. Cada empujón hacía que Marcos oliera más su rastro a sexo, a macho, a sudor. Un olor denso, pegajoso, que se le metía por la nariz y lo desarmaba.
    
    —Sigue así, maricona. No aflojes, —dijo Raúl, con la voz más grave—. Hoy me voy a correr en tu puta cara, y luego te vas a limpiar con la mano y a chuparlo, ¿me oyes?
    
    Marcos tembló. Asintió. Seguía con la mano tensa, la piel de los dedos rozando la carne dura, caliente, brutalmente gruesa de Raúl. Cada vez que la recorría de abajo arriba sentía las venas saltarle contra la palma, duras como cordones retorcidos, marcándole toda la longitud del rabo. Era casi irreal que le cupiera eso en la mano, tan ancha, con el glande morado, a punto de reventar.
    
    Raúl se inclinó un poco, pegando la polla aún más contra sus nudillos, y le susurró al oído con la voz grave, pastosa, de macho salido:
    
    —¿Notas cómo late, zorra? ¿Notas cómo me pones? Solo de verte me hierve la polla… —le rozó la oreja con los labios, húmedos, y soltó una risita cruel—. Esto es tuyo, ¿eh? Esto te lo ganas tú con tu mano de putita.
    
    Marcos tragó saliva, temblando. Vio cómo la polla ...
    ... palpitaba, marcando cada vena como un mapa vivo. La raíz se hundía en un pubis oscuro, con el vello revuelto, y más abajo colgaban los huevos: grandes, pesados, peludos, bamboleándose con cada leve movimiento de la paja.
    
    Raúl notó dónde miraba y soltó una carcajada ronca, casi bestial.
    
    —Te mueres por mis huevos, ¿eh maricona? —le escupió al oído, con desprecio caliente—. Pues míralos bien. Mira qué par de COJONES tengo, zorra. Esto también te lo vas a comer.
    
    Marcos parpadeó, confuso, excitado, sintiendo un latigazo en la barriga. Raúl siguió frotándole la polla contra la mejilla, como marcándole la cara con el olor.
    
    —El viernes, zorra, —siguió Raúl, bajando aún más la voz hasta casi gruñirle—, el viernes en el cine te vas a comer el plátano y los huevos hasta que te golpeen la campanilla, ¿me oyes? Vas a tragarme los huevos como un perro, ¿vas a querer, maricona?
    
    La pregunta se clavó en la mente de Marcos como una descarga eléctrica. Tartamudeó, incapaz de hablar, y Raúl le apretó la mandíbula con una mano, obligándole a mirarlo.
    
    —Respóndeme, putita. ¿Vas a querer que te reviente la garganta el viernes? ¿Sí o no?
    
    Marcos se sintió a punto de correrse solo con esas palabras. El aire le faltaba, las piernas flojas, la polla tan dura dentro del vaquero que dolía. Logró asentir, casi sin voz.
    
    —Eso es, buen cerdo… —ronroneó Raúl, triunfante—. Eso es lo que me gusta de ti. Sabes quién manda.
    
    Sin previo aviso, Raúl se apartó un poco, se inclinó hacia un lado, y ...
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