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Hija de Culo Grande para papa de Verga Grande
Fecha: 29/10/2026, Categorías: Incesto Autor: EDOWA, Fuente: TodoRelatos
... estaba completamente solo en su deseo. Pero no la sintió. No había calor, no había humedad, no había ningún indicio de reciprocidad. Solo frialdad. Su miembro rozaba una piel tibia, sí, pero ausente. Marina no estaba ahí, al menos no como mujer, no como amante. Era un cuerpo cansado, apagado, y él lo supo en cuanto notó la sequedad entre sus muslos. Jorge se detuvo, frustrado, con una mezcla amarga de deseo insatisfecho y rechazo silencioso. Cerró los ojos. No sabía si lo peor era la erección sin destino... o la distancia abismal que lo separaba de la mujer con la que compartía la cama desde hacía más de veinte años. Pero de pronto, una nueva urgencia lo sacó de sus pensamientos. Esa incomodidad punzante en la base del vientre, conocida por todos los hombres tras una erección prolongada, le indicó que necesitaba orinar de inmediato. Frunció el ceño con molestia, suspiró resignado y se alejó lentamente del cuerpo tibio y ajeno de Marina. Se acomodó el falo erecto dentro del bóxer con una ligera mueca de incomodidad, tratando de evitar que el roce le provocara aún más tensión. Vistiendo solo una camiseta blanca de tirantes que le abrazaba el torso amplio y acentuaba su tez morena, salió de la habitación con pasos rápidos, descalzo, con el miembro aún firme presionando la tela. Cruzó el pasillo en silencio y llegó al pie de las escaleras. El baño del piso inferior estaba averiado y Jorge, impaciente, decidió subir al de la planta alta. Subía los escalones uno a ...
... uno, con el cuerpo tenso y la urgencia creciendo en su abdomen. La urgencia se volvió insoportable, como un nudo retorciéndose en su bajo vientre. Jorge apenas pensó. No tocó la puerta, no esperó. Solo giró el picaporte y entró al baño con pasos apresurados, con la mente centrada en una sola cosa: aliviar esa presión ardiente. El baño estaba cargado de vapor; el espejo empañado y el sonido del agua cayendo en la ducha llenaban el espacio con una atmósfera húmeda, íntima. Pero él no lo procesó. Sus ojos se clavaron en el inodoro. Caminó directamente hacia él, bajó el bóxer con una sola mano, y sacó su pene erecto, grueso, tenso, oscuro, apuntando ligeramente hacia arriba por la dureza que aún no cedía. Lo sostuvo con firmeza, guiándolo, respirando con fuerza mientras sentía el impulso a punto de desbordarse. Y entonces, algo cambió. Un crujido repentino detrás de la cortina de baño lo hizo girar la cabeza, y de pronto la tela se corrió bruscamente hacia un lado. El vapor se disipó lo justo para que Jorge viera el rostro mojado de Daniela asomarse entre las gotas. Su cabello negro le caía sobre los hombros, y sus labios entreabiertos dejaban escapar el aliento entrecortado de quien había sido interrumpida en pleno acto de masturbarse. Sus ojos, al principio desconcertados, se cruzaron con los suyos. Pero no se detuvieron allí. Bajaron. Y allí lo vio. El miembro de su padre, grueso y erecto, palpitando aún en su mano, expuesto sin pudor, a sólo unos metros de ...