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Hija de Culo Grande para papa de Verga Grande
Fecha: 29/10/2026, Categorías: Incesto Autor: EDOWA, Fuente: TodoRelatos
... juguetona. Abrió la puerta de su cuarto y caminó por el pasillo con paso seguro. El roce suave de la tela sobre su piel húmeda, la frescura del suelo bajo sus pies, y la idea de lo que venía en la ducha mantenían su cuerpo encendido. Llegó al baño, abrió la puerta y encendió la luz. El aroma a semen aún impregnado en el ambiente hablaba de la ducha anterior de alguien más… y eso sólo hacía que su imaginación se activara aún más. Mientras tanto en la planta baja de la casa, otra silueta luchaba contra el peso del sueño. Era el señor Jorge, el padre de Daniela, un hombre de poco más de cuarenta años, que dormía en su habitación junto a su esposa Marina, madre de Daniela. Jorge se removió entre las sábanas, incómodo, no por el calor ni por la postura, sino por una erección firme y persistente que tensaba el interior de su bóxer. Aquella rigidez mañanera se había vuelto una tortura silenciosa con el paso del tiempo. Marina dormía profundamente junto a él, dándole la espalda, envuelta en la posición de cuchara, su pequeño trasero apenas cubierto por un diminuto short de algodón que dejaba poco a la imaginación. El señor Jorge tragó saliva, tratando de apartar los pensamientos que se acumulaban en su mente. Hacía meses que no tocaba a su esposa. Marina, aunque aún hermosa, ya no compartía el deseo de antes. La pasión, que años atrás ardía con fuerza entre ellos, se había ido apagando poco a poco, hasta dejar solo las brasas tibias de una rutina silenciosa. Aun ...
... así, su cuerpo seguía pidiendo. Cada mañana, esa necesidad regresaba, latente, palpitante entre sus piernas. Y esa mañana, con Marina dormida frente a él, sintiendo el calor de su espalda, la suave redondez de sus nalgas apenas separadas por la tela fina del short… era difícil resistirse. Jorge cerró los ojos e inhaló profundo. Podía sentir el roce involuntario de su erección contra ella, apenas un contacto, pero suficiente para hacerlo arder por dentro. Jorge no pudo evitarlo. Poco a poco, comenzó a frotarse contra el cuerpo dormido de Marina. Su erección buscaba alivio, y el contacto con las nalgas pequeñas de su esposa, cubiertas apenas por ese short delgado, era un tormento dulce que lo arrastraba al deseo. Se acercó más, presionando con suavidad su miembro endurecido contra la ranura de su trasero. Marina se removió ligeramente, incómoda, despertando poco a poco por la insistente fricción. —¿Qué es lo que quieres, Jorge...? —murmuró con voz ronca y molesta—. Quiero dormir… —Hace meses que no hacemos nada… —respondió él, casi en un suspiro, como si las palabras se le atoraran en la garganta. —No lo haremos. Esa cosa me lastima —espetó Marina, sin mirarlo, con la frialdad que solo da el desinterés acumulado. Jorge tragó saliva, herido por la frase, pero aún empujado por la necesidad. Se acercó más, con cautela, y bajó un poco su bóxer. Deslizó su falo por la entrepierna de su esposa, buscando su coño y una señal, una chispa, algo que le indicara que no ...