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El Hombre de la Casa 47: Terapia de Choque
Fecha: 30/10/2026, Categorías: Incesto Autor: Kurosko, Fuente: TodoRelatos
... —le insinué, acurrucándome en su espalda y apretando su pecho, pero no tan bruscamente—. No después de lo que hiciste por mí hoy en la sala. —Se salieron con la suya, los dos —reconoció con tono de resignación—. Ya no sé qué esperar… de ambos. No respondí, sólo besé su omóplato y me dispuse a dormir. No sé qué habré soñado aquella noche, pero al día siguiente, amanecí con un impulso irrefrenable de besarla y acompañarla a bañarse. —E-estás muy… contento —dijo de pronto, con mis manos amasando sus tetas y mi verga una vez más entre sus nalgas—. ¿Debería preocuparme? —La verdad… no sé… —respondí entre jadeos, batallando por respirar bajo el rocío de la regadera—. Cada vez es más difícil aguantarme, Julia. Ella no dijo nada, sólo se apresuró a enjuagar su cabello y zafarse de mis brazos cuanto antes. No me sentí rechazado, ahora era más evidente cuando algo la excitaba y ya sabía que recordarle cuántas ganas tenía de cogérmela la ponía muy caliente, por más que se negara a admitirlo. Tenía ganas de seguirla a su cuarto y que me viera jalándomela mientras se vestía, pero al ser su cuarto, preferí ir con Raquel. Apenas estaba despertándose, pero le alegró verme y con la riata así de dura. No dudó en sacarme la leche con una mamada de campeonato con la puerta de su cuarto bien abierta para cuando Julia o mamá pasaran. La semana transcurrió sin mucha novedad, más que tener la boca de Julia a mi disposición cada que la invitaba a dormir en mi cama. No podía dejar ...
... de sentir aquello como un gran logro, para ambos, más porque ella ya no ocultaba su sonrisa pícara al ocultar mi verga dentro de sus labios. Por más que me lo negara cuando yo se lo decía, era obvio que había ido agarrándole el gusto. —No tengo de otra —respondió una vez con falsa resignación—, si no lo hago, me regañan, ya ves. Finalmente, cuando llegó el domingo, yo estaba ansioso. Le indiqué que entrara al baño conmigo, ya me estaba acostumbrando a no preguntarle ni pedirle permiso, ella siempre me seguía con una sonrisa juguetona al tomarla suavemente de la mano o la muñeca. Aunque prácticamente estuviera dándole órdenes, la sensación era muy diferente a cuando lo hacía con Raquel o mamá; con Julia, era mucho más satisfactorio ver esa sonrisa y ese brillo en sus ojos. Le pedí que me dejara enjabonarla. ¡Oh, cómo lo disfruté! Desde sus pechos y su culo hasta sus pies, que apoyé en mi pierna, arrodillado. Era una fantasía morbosa que moría por cumplir con ella, pero no acababa allí. Terminé, la sequé y la envié a mi cuarto. Le extendí una toalla para que se sentara sobre ella al borde de la cama y le indiqué que abriera sus piernas para mí en lo que sacaba el kit que había armado para la ocasión. Unas tijeras finas para cabello, un rastrillo para mujer y crema para depilación femenina. La sangre ya me hervía desde el baño, pero podía sentir mi pulso retumbar en mi cuello al deslizar mis dedos por aquella zona que ya conocía tan bien. Primero, las tijeras. Me fui con ...