-
El Hombre de la Casa 47: Terapia de Choque
Fecha: 30/10/2026, Categorías: Incesto Autor: Kurosko, Fuente: TodoRelatos
... calma, quería ir viendo cómo lucía si sólo quitaba los vellos rebeldes. Corté, peiné con la mano y revisé en repetidas ocasiones; disfrutando como nunca cada paso. Julia tuvo que darme indicaciones para usar la crema correctamente, pero fuera de eso, me dejó continuar con el proceso por mi cuenta. El corazón me latía a mil cada que me acercaba a sus labios verticales rosados, todavía húmedos, aunque quizás ya no por el agua de la regadera. Involuntariamente, resoplé un par de veces a escasos centímetros de aquella cueva cuyo aroma me tentaba a sacar la lengua, provocándole espasmos. Tuve que aguantarme las ganas de saborear su piel recién depilada, sabía que tenía que mantener las bacterias de mi boca lejos de cualquier herida que la cuchilla pudiera causarle; por alguna razón, eso lo aprendí en el curso de masajes. No estaba seguro de querer quitar todo, así que fui aplicándole la crema desde los extremos, avanzando hasta dejar al final una línea central discreta, algo distinto al triángulo que se llegaban a dejarse Raquel y mamá. Si omitimos el par de perlitas escarlatas que le provoqué con el rastrillo, todo acabó sin ningún percance. Fuimos a su cuarto para que evaluara mi trabajo a consciencia en su espejo de cuerpo completo. Se hizo la interesante un rato, pero todo terminó con un abrazo, una sonrisa, un beso y los dos en su cama. No podría cansarme de ver su rostro así, con esa expresión radiante de alegría que hacía ...
... que el frío de febrero se esfumara. —Ya casi es 14 —dijo tímidamente, deslizando la punta de sus dedos por mi brazo. —¿Algún plan? —le pregunté, embelesado. —No sé… —rio con tono juguetón—. No sé si deba hacer planes… ¿Qué pasará con Raquel? Y mamá… Mis ojos se abrieron como platos, tuve que tumbarme boca arriba, bufé fuertemente. Se me había olvidado por completo pensar algo para San Valentín. Julia se rio de mí al darse cuenta por mi aspecto. No estaba seguro de si debía comprarles algún regalo, invitarlas a cenar… ¿debía ir con cada una por separado? ¿Habría problema si fueran todas juntas? —¡Ay! ¡Si tan sólo estuviera Tere aquí! —me lamenté—. Ella sabría qué hacer… o, de perdida, podría llevármela a cenar sólo a ella con la excusa de que es mi novia. —Sí, ¿verdad? —suspiró Julia—. Eso habría sido más fácil —confirmó e hizo una pausa larga—. Pues bueno, “todas-mías”, ahora te toca resolverlo por ti mismo —dijo luego, como quien intenta animar a alguien metido hasta el cuello en sus problemas, pero dejándolo a su suerte al final—. A mí no me compres nada. Es más, ni pienses en mí ese día, ya luego hacemos algo, otro día. —Gracias —dije, todavía decaído. —Tú te lo buscaste —la escuché ronronearme por primera vez con ese tono pícaro y afilado que acostumbraba a usar Raquel. El dorso de su mano acarició mi mejilla, haciendo que cruzáramos miradas—. Ya lo sabes: “a quientres amas sirve, con alguna queda mal”.