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El Hombre de la Casa 47: Terapia de Choque
Fecha: 30/10/2026, Categorías: Incesto Autor: Kurosko, Fuente: TodoRelatos
... Julia ahora podía llevarse la mano a la boca. Me costaba trabajo contenerme y temí que podría cometer un error en cualquier momento, así que la empujé contra la cama y la acomodé para que quedara boca arriba. Su instinto fue cubrirse la cara, pero volví a tomar sus muñecas, no quería perderme la expresión de su rostro. Volví a frotar mi verga en aquellos labios hinchados y empapados, ahora podía estimular su botoncito, el cual estaba tan duro que sobresalía un poco. Mantenía sus ojos cerrados y apartaba su cara de mí todo lo que podía, pero no podía esconderse esta vez. Apenas me moví un par de veces y al fin, sucedió. Sus piernas se cerraron contra las mías y un gemido sofocado acompañó ese pequeño sismo que recorría todo su cuerpo. Debía darle tiempo, tenía que esperar a que pasara, pero simplemente, no pude. —¡E-espera, Luís! ¡N-no! ¡Ah! Me lancé a besarla. Había soltado un gemido tan fuerte que me espanté. Esta vez, fue su lengua la que buscó la mía y yo continué moviendo mis caderas. Los fluidos no paraban de manar de su cueva y mi macana resbalaba incluso sobre sus vellos. Los gemidos se hacían cada vez más intensos y sus piernas se sacudían como si estuviera convulsionándose, apretándome cada vez más. Pronto, fue difícil seguir sujetándola, sus brazos también se agitaban violentamente, pero no me detuve hasta que ese rugido retumbó en nuestras bocas. Su cuerpo se rindió en cuanto me detuve y simplemente se quedó inmóvil debajo de mí. Esperé a que abriera ...
... los ojos y al hacerlo, se encontró con mi miembro, embadurnado con sus propios jugos. Se le quedó viendo y luego, cruzó miradas conmigo, comprendió lo que estaba por pasar. Me miró con una expresión suplicante, mi rostro impasible le dio a entender que no había otra alternativa y ella no se animó a decir nada. Con dificultad, fue acercando su rostro a esa criatura que ya conocía muy bien. Sus labios temblaron y titubeó al percibir el aroma de su propio sexo impregnado en el mío. Mi verga pegaba brincos tan sólo por sentir su aliento tan de cerca. Se relamió por última vez y fijó su mirada en mí antes de acercar su boca. Estaba cubierta por nuestros fluidos y tuvo que controlar su reflejo de arcada en cuanto su lengua los saboreó. Cada que tenía dudas, su mirada se desviaba, pero siempre volvía a mí cuando lo volvía a intentar, imitando lo que nuestra madre le había enseñado aquella vez en la cocina. Aquello era simplemente demasiado para mí, no podía aguantar las ganas y lentamente fui empujando mi miembro contra sus labios y dientes hasta que ella entendió que debía abrir más su mandíbula. Restregué mi carne en su lengua y retrocedía apenas lo suficiente para dejarla toser antes de volver a entrar. Estaba lejos de ser una mamada placentera, pero estaba dentro de su boca. Eso y la expresión en su rostro era lo que me hizo venirme finalmente dentro. Me aparté para que ella pudiera correr directo a la papelera y se dedicó a escupir todo en ella, tosiendo, dejando caer ...