1. El Hombre de la Casa 47: Terapia de Choque


    Fecha: 30/10/2026, Categorías: Incesto Autor: Kurosko, Fuente: TodoRelatos

    ... largos y morbosos hilos de saliva. Yo me paré a su lado y en cuanto acabó, me miró con ojos llorosos y una expresión de total desconcierto.
    
    —No es tu culpa. No tenías de otra —dije, arrodillándome para acomodar su cabello. Ella comenzó a escrutar mi cara, intentando descifrar lo que acababa de escuchar—. Ven, vamos a dormir.
    
    Me erguí y le di la espalda, esperé a que se levantara. Cuando vi que se dirigía a la puerta, la tomé del brazo y le señalé la cama con la mirada. Pude ver cómo se le achicaba el pecho y se dirigió hacia ella en silencio. Yo apagué la luz y me acosté a su lado, abrazándola como siempre hacía.
    
    —¿Tienes miedo? —le pregunté en medio de la oscuridad con la voz más atenta que pude, pegándome a su espalda.
    
    —No —tardó en responder, con un hilo de voz. Obviamente, estaba perturbada.
    
    —¿Qué hubieras hecho si en verdad… yo hubiera… —pregunté, preocupado.
    
    —N-no… no sé —susurró entrecortadamente, pero un poco más tranquila. Aspiró hondo y después de un rato, suspiró—. No creía que fueras a hacerlo… no de verdad.
    
    —Jamás lo haría. Perdón por espantarte —dije, apenado y abrazándola fuertemente.
    
    —¡Ah! No… —respondió con voz pensativa. Se giró y la tenue luz de mi ventana sólo me dejó adivinar dónde se encontraban sus ojos—. O sea, sí me dio miedo —continuó con una voz sorprendentemente calmada—, pero… no. No era por ti. Era desesperación, no sabía qué estaba pasando ni qué iba a pasar. Pero en el fondo, estaba segura de que jamás harías algo ...
    ... así.
    
    —Nunca —le reiteré y sus labios encontraron los míos en medio de las sombras—. Julia, perdóname, pero sólo así… Lo hice para demostrarte que podías confiar en mí.
    
    —Yo confío en ti —dijo, conmovida y algo extrañada, acariciando mi rostro a tientas—. Creo que … en quien no confío en realidad es en mí.
    
    —Voy a hacer que puedas —le prometí sin entender realmente lo que esas palabras significaban—. Sólo… déjame. Digo —quise explicarme—, déjame ayudar.
    
    —La verdad, no sé qué acaba de pasar —comentó con voz cristalina, no podía verlo pero sabía que estaba sonriéndome—. Pero está bien, voy a hacerlo, voy a confiar. Aunque me muera de miedo, lo voy a hacer.
    
    El día siguiente, lo inicié con una sonrisa que no se me desdibujaría. Era de madrugada, apenas habíamos podido dormir un par de horas, pero Julia tenía que alistarse para el trabajo y cuando le jugué una broma haciéndole creer que nos bañaríamos juntos, se me ocurrió una idea. Mi mano se aventuró a palpar aquella mata que ocultaba su pubis y me recreé con la sensación del agua resbalando entre mis dedos y sus vellos.
    
    —Voy a hacer algo con esto —le anuncié, no estaba preguntándole ni pidiéndole permiso—. Hay que poner orden aquí.
    
    Ella sólo atinó a reírse tímidamente y también un poco desconcertada. Me fui de allí sin decirle nada más, tenía que preparar el desayuno para todos. Estaba de muy buen humor y todas pudieron notarlo. Primero Julia, quien evidentemente no hizo más que sonreírme y despedirse con un beso ...
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