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El Hombre de la Casa 47: Terapia de Choque
Fecha: 30/10/2026, Categorías: Incesto Autor: Kurosko, Fuente: TodoRelatos
... complementaba sus sentones y ella pujaba al sentirme topar con su cérvix, pero no nos detuvimos. —Tengo en mente muchas cosas, pero no sé por dónde empezar —le comenté con tono intrigante. Tiré de su nueva gargantilla, esa que le compré después de romperle la anterior por accidente. Ella me sonrió, mordiéndose el labio y mis penetraciones se hicieron más lentas conforme le iba comentando cada una de las ideas que tenía. Me besó con avidez y comenzó a cabalgarme con más intensidad hasta recibir mi leche en su interior. Estaba contenta con ya no tener que recurrir al condón gracias al implante y en cuanto nos recuperamos, su mente calculadora empezó a trabajar. Julia llegó un poco más temprano que de costumbre. Raquel se retiró para dejarnos a solas, no sin antes besar su mejilla como toda una Judas y así entregármela a sabiendas de lo que haría con ella. No la dejé comer en paz, mis manos no podían apartarse de sus piernas y sus pechos y ella, aunque estaba algo incómoda, tampoco me detuvo. En cuanto acabó, fue a lavar su plato y regresó a sentarse para seguir dejándome hacer con ella lo que quisiera. Me la llevé a la sala, le quité sus tacones y le desabotoné la blusa para desempacar sus pechos por encima del brasier y comérmelos a gusto. Ella sólo me acariciaba la nuca, resoplaba y gemía con voz un poco menos contenida que la noche anterior. Cuando descendí para toparme con sus pantalones, su mano se apresuró al cierre de manera instintiva para abrirlo, pero la ...
... detuve. Me acomodé en el sofá y le pedí que se sentara en mi regazo, su culo pudo sentir a través de la tela lo dura que la tenía mientras se agitaba para deshacerse del sostén sin quitarse la blusa. Hice que se recostara sobre mí y me deleité con la fragancia de su cabello perfumado, amasando ese par de melones con la única intención de escucharla suspirar y aguantar sus gemidos. Mi mano se aventuró a su entrepierna, colándome bajo la tela y acariciando a tientas aquél arbusto capilar. —Te dije que voy a ponerle orden a todo esto —dije, tirando suavemente de sus vellos atrapados entre mis dedos—. Ya fue mucho. —Dijiste que no te molestaba —rio ella coquetamente. —No es porque me moleste —le contesté con voz indiferente, frotando su pubis con las yemas, presionando hasta hundir su piel—. Sólo me dieron ganas. Ella no hizo ningún comentario ni me cuestionó, de todas formas, no iba a darle más explicaciones. Simplemente dibujé círculos alrededor de aquél monte de Venus cubierto de rizos castaños que lentamente se calentaron. Deliberadamente, evité tocar de manera directa cualquier zona comprometedora, simplemente seguí acariciando, a veces hasta su vientre y a veces, adentrándome en sus muslos hasta donde mi mano alcanzara. Ella empezó a sudar y a resoplar, mi otra mano no paraba de masajear su teta, estrujando hasta la punta, como si buscara sacar leche de ella. —L-Luís… —gimió de pronto, desesperada. —¿Sí, dime? —le pregunté con tono distraído. —Y-ya… Ya ...