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El Hombre de la Casa 47: Terapia de Choque
Fecha: 30/10/2026, Categorías: Incesto Autor: Kurosko, Fuente: TodoRelatos
... no… —balbuceaba, incapaz de articular sus palabras. —¿”Ya no”, qué? —volví a cuestionar como si no tuviera idea de nada—. Dime. —¡A-Ah! P-por favor —me imploró tras contener un chillido al ensañarme con su pezón erecto. —Dime y te ayudo —le ronroneé al oído, provocándole un escalofrío. —¡Ya no aguanto! —¡Ah, pues no te aguantes! —le contesté como si no estuviera pasando nada, dándole unas palmaditas en el pubis, lo que la hizo agitarse con desesperación—. ¿O qué quieres que haga? —volví a preguntar con un falso tono de despistado. —Me… me… ¡Voy a… ¡A-AH! Los músculos de sus piernas se contrajeron y su pelvis se elevó, sacudiéndose en convulsiones que apenas pudo contener. En ese momento, mis dedos extendidos fueron a frotar el botón que no había presionado todo este rato y ella soltó un alarido que seguramente resonó por toda la casa. Gritó como si estuvieran lastimándola, pero sus manos no hicieron nada para detenerme y se aferraron al cojín del sofá para apoyarse mientras su cadera seguía agitándose en todas direcciones. Su voz le temblaba con ruidos parecidos a lamentos que sólo eran un intento por no volver a rugir de aquella forma tan escandalosa. Y así como la noche anterior, me detuve en cuanto un segundo clímax la hizo contraerse y cayó desplomada sobre mí. La abracé con fuerzas y le di besos en la nuca, justo detrás de la oreja mientras ella resoplaba e iba recuperando el aliento poco a poco. Me deslicé debajo de ella y al verme subir al sofá ...
... para quedar de pie frente a ella, con mi miembro acercándose a su rostro, no se mostró sorprendida. Tuve que empujarlo en sus labios para que los abriera. Esta vez, no iba a apresurarme. La sola imagen de Julia recibiendo mi verga en su boca era algo con lo que sólo había podido fantasear durante años y la forma en que me miraba al hacerlo me estremecía mucho más de lo que hubiera podido imaginarme. Tenía que ir despacio. Después de hacerlo con Raquel y mamá tantas veces, era extraño sentir cómo su lengua se apretujaba al fondo de su boca y no me dejaba meterla más. Fui sacándola e introduciéndola cada tanto, me prendía demasiado escucharla jadear para recobrar el aliento, pero también podía percibir que se estaba acostumbrando. En algún momento, su lengua se deslizó por debajo de mi carne y finalmente pude meter más de la mitad, pero cuidando de no llegar hasta el fondo para no provocarle un reflejo de vomitar. Me sostenía una mirada que había pasado de ser suplicante a cuestionarme. Tal vez se preguntaba si estaba haciéndolo bien, tal vez sólo se preguntaba cuánto tiempo tendría que seguir. Sin darse cuenta, yo había dejado de moverme y ahora era ella quien cabeceaba lentamente, manteniendo el ritmo que mi cadera le había marcado. —¡Uf! ¡Sí! —exclamaba para alentarla. Estaba lejos de ser una buena mamada, pero quería que tomara confianza y así quisiera animarse a más. Pose mis manos en su cabeza, pero no la presioné—. ¡Así! La verdad, estaba logrando aguantar mis ...