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Compañeros - Capítulo 14: Citas Paralelas
Fecha: 31/10/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos
... recogiendo su ropa esparcida. Carlota tuvo que buscar sus braguitas que habían caído al suelo; las levantó con un dedo, notando con una risita que estaban empapadas. —Creo que estas necesitan una lavadora urgente —bromeó. Miguel rió también mientras se subía los calzoncillos y los pantalones. Él mismo se sentía pegajoso; una gota de semen le había caído en la pierna mientras se vestía y tuvo que limpiarla con un pañuelo. Carlota encontró unos kleenex en su bolso y se limpió delicadamente entre las piernas, volviendo a subirte las braguitas luego, aunque las notaba húmedas aún. Cuando estuvieron más o menos presentables y se aseguraron de no olvidar nada (el sujetador de Carlota había acabado colgando del pomo de una puerta, lo recuperaron entre risas), salieron sigilosamente del piso vacío, apagando la luz. Bajaron las escaleras de la mano, cómplices y satisfechos. En el portal, antes de salir, se dieron un último beso dulce. Carlota le acarició la mejilla a Miguel, mirándolo con afecto. —Gracias por esta noche —dijo en un susurro. —Gracias a ti —respondió Miguel, tocando su frente con la de ella. Acordaron que Miguel la acompañaría hasta el metro y luego cada uno volvería a su residencia. Durante el trayecto, no dejaron de sonreír y hacer bromas tontas, en ese tono de intimidad que se fortalece después de haber compartido cuerpo y alma. Miguel se sentía exultante. Mientras veía a Carlota marcharse en el último metro, se dio cuenta de que algo en él ...
... realmente había cambiado: se sentía más seguro, más… libre. ⸻ A la misma hora, al otro lado de la ciudad, Luis estaba teniendo una noche muy diferente, pero igual de intensa, con Marta. Luis llegó al piso de Marta pasada la medianoche. Era un piso compartido modesto en un barrio popular cerca de la universidad. Al timbrar, fue la propia Marta quien le abrió, asomando la cabeza por la puerta con una sonrisa pícara. —¡Hombre, Luis! Pasa, anda —dijo en voz baja pero alegre, abriendo para que entrara. Luis se coló dentro y Marta cerró tras él con cuidado. En el piso se oía música lejana, probablemente alguna de las compañeras de Marta escuchando algo en su cuarto, y había un vago olor a incienso mezclado con el humo de cigarrillos. —¿Tus amigas están durmiendo? —susurró Luis mientras la seguía por el pasillo estrecho. —Qué va, están en el salón viendo una peli, creo. Pero nos dejan mi habitación libre de interrogatorios —respondió Marta guiñándole un ojo. Luis sonrió. Le gustaba el rollo desenfadado de Marta. Ella iba vestida de estar por casa pero sexy sin pretenderlo: llevaba unos leggings negros ajustadísimos que marcaban sus torneadas piernas y ese culo respingón que a Luis le volvía loco. Arriba tenía una camiseta vieja de algún concierto de rock, cortada a la altura del ombligo, que dejaba ver un piercing brillando en su ombligo. No llevaba sujetador, y Luis notó el vaivén libre de sus pechos bajo la tela y el asomo de los costados redondos cuando se ...