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Compañeros - Capítulo 14: Citas Paralelas
Fecha: 31/10/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos
... mesas. Miguel se había puesto unos vaqueros oscuros y una camisa azul marino; un atuendo sencillo pero que Carlota siempre decía que le quedaba bien. Cuando la vio esperándole en la entrada, el corazón le dio un pequeño brinco. Carlota ya estaba allí, parada bajo la marquesina del local para resguardarse del frío. Llevaba un abrigo largo color camel ceñido a la cintura y unas botas de tacón negras hasta las rodillas. Al verlo, esbozó una sonrisa radiante y se acercó para saludarle. Miguel notó cómo sus propios nervios se derretían en cuanto ella le rodeó en un abrazo cálido. —¡Míguel! —dijo su nombre con ese acento ligeramente cantado que tenía. Él inhaló el suave perfume de su cuello al abrazarla; olía dulce, con notas de vainilla y algo floral. Se separaron solo lo suficiente para darse un par de besos en las mejillas, como era costumbre, aunque el contacto se sintió más íntimo de lo normal. La química entre ellos era innegable. —¿Qué tal las fiestas? —preguntó Miguel sonriendo mientras le sostenía la puerta para que entraran. —Mm, bien, familiares pero bien. Ya te contaré… Tenía ganas de verte —admitió ella, mirándole con esos ojos grandes color avellana. Miguel sintió un calor agradable en el pecho ante esa confesión sencilla y directa. Carlota siempre había sido así: directa pero dulce, con esa confianza que lo desarmaba. Tomaron asiento en una mesa para dos, apartada en un rincón acogedor del restaurante. Miguel le ayudó a quitarse el abrigo, ...
... revelando el atuendo que llevaba debajo. Carlota iba espectacular: vestía un vestido negro ajustado que le llegaba a medio muslo, de escote cuadrado elegante que insinuaba el comienzo de sus pechos redondeados sin mostrarlos demasiado. Las mangas largas y semitransparentes dejaban entrever destellos de su piel dorada. Miguel no pudo evitar admirar sus formas mientras se sentaba. Carlota tenía 19 años recién cumplidos, y un cuerpo que quitaba el hipo: caderas suavemente curvas, cintura fina y pecho generoso proporcionado a su figura esbelta. Llevaba el pelo suelto; una melena castaña brillante que le caía en ondas suaves por los hombros. Su rostro tenía rasgos delicados, con pómulos marcados y labios llenos pintados de un tono rosa natural. Miguel trató de no quedarse embobado mirándola, pero Carlota se dio cuenta y sonrió con picardía mientras acomodaba su servilleta en el regazo. —¿Qué? ¿Se me ha corrido el rímel o por qué me miras así? —bromeó, arqueando una ceja. Miguel notó el calor subiéndole a las mejillas, pillado. —No, no… es que… te ves muy guapa, eso es todo —admitió, rascándose la nuca con una risilla tímida. —Gracias —dijo ella suavemente, alargando la mano por encima de la mesa para acariciarle los dedos un segundo—. Tú tampoco estás nada mal. Ese simple contacto de sus manos hizo que Miguel sintiera un cosquilleo que le recorría el brazo. Tomaron el menú y empezaron a charlar sobre las vacaciones mientras decidían qué cenar. La conversación fluyó ...