1. Compañeros - Capítulo 14: Citas Paralelas


    Fecha: 31/10/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos

    ... fácil. Hablaron de las cenas familiares interminables, de los regalos absurdos que habían recibido (Carlota se quejó riendo de unos calcetines con renos que le regaló su tía, Miguel del típico perfume genérico de parte de su abuela). Se reían mucho juntos, con esa confianza cómplice de quienes han compartido más que besos.
    
    Durante la cena, la química se hizo aún más evidente. Cada vez que Carlota reía y apoyaba la mano en el antebrazo de Miguel, él sentía un calor recorrerle todo el cuerpo. Miguel notó que ella lo miraba a los ojos fijamente cuando él hablaba, para luego bajar la vista a sus labios de vez en cuando. Era como si en el aire flotara una electricidad constante.
    
    A medida que las copas de vino se vaciaban y se servía el postre, Miguel se sentía deliciosamente ebrio de esa energía entre ellos (y quizá un poquito del Lambrusco). Estaba tan a gusto que por un momento olvidó todas sus neuras. Con Carlota era sencillo: podía ser él mismo sin miedo.
    
    Tras pagar la cuenta –Miguel insistió en invitar y Carlota acabó aceptando con una sonrisa y un “la próxima pago yo”– salieron del restaurante. La noche estaba fría y las calles casi desiertas a esas horas entre semana. El aliento de ambos se condensaba en nubes blancas mientras caminaban juntos, muy pegados el uno al otro.
    
    —¿Te acompaño a tu residencia? —ofreció Miguel, aunque en el fondo no tenía muchas ganas de despedirse todavía.
    
    Carlota se mordió el labio inferior, como pensando algo travieso. Se ...
    ... detuvo bajo la luz anaranjada de una farola y miró a Miguel con una media sonrisa.
    
    —Hmm… en realidad, esta noche tengo otra idea, si te apetece una pequeña aventura —dijo ella, juguetona.
    
    Miguel alzó las cejas, intrigado. El corazón le dio un vuelco anticipando algo emocionante.
    
    —¿Ah, sí? Suena interesante. ¿Qué propones? —preguntó esbozando una sonrisilla.
    
    Carlota miró alrededor conspiradoramente y bajó un poco la voz, aunque no había nadie cerca.
    
    —Resulta que… —alargó el suspense un par de segundos— tengo las llaves de un piso vacío que mis padres tienen aquí en el centro.
    
    Miguel abrió los ojos, sorprendido.
    
    —¿Un piso vacío?
    
    —Sí, está tal cual, sin alquilar ni nada. Mis padres ahora viven en otra ciudad, pero ese piso sigue siendo suyo. Vine a dejar unas cosas ayer y… se me ocurre que podríamos colarnos y hacer una travesura. —Al decir esto, los ojos de Carlota brillaron con picardía.
    
    Miguel sintió un cosquilleo nervioso y excitante en el estómago. La idea de colarse con ella en un piso vacío, a solas y sin interrupciones, sonaba demasiado bien para ser verdad.
    
    —Me estás tomando el pelo… ¿De verdad quieres…? —dejó la pregunta en el aire, sonriendo de medio lado.
    
    —Quiero —afirmó Carlota, cogiéndole de la mano con decisión—. A no ser que tú prefieras que te lleve a casa ya, claro.
    
    —Ni de coña prefiero eso —se apresuró a decir Miguel, apretando suavemente los dedos de ella.
    
    Carlota soltó una risita encantadora y, sin más preámbulos, tiró de ...
«12...456...24»