1. La Primera vez que fui cornudo y me encantó


    Fecha: 03/11/2026, Categorías: Confesiones Autor: Adribdjz, Fuente: TodoRelatos

    ... ir a su casa a jugar unas partidas de FIFA en la PlayStation, tomar unas birras y hablar de tonterías. Salí de casa sobre las 9 de la noche, besando a Elena que se estaba arreglando: llevaba un vestido negro corto que se pegaba a sus curvas, escote generoso que dejaba ver el inicio de sus tetas, y tacones que alargaban sus piernas. "Estás para comerte", le dije, y ella rió, dándome un beso rápido. "Portáte bien", respondió, guiñándome un ojo.
    
    La noche con Pablo fue genial: jugamos hasta las 5 de la mañana, entre risas, pizzas y cervezas. No me emborraché mucho, solo lo suficiente para estar relajado. Sobre esa hora, decidí irme; mi coche estaba aparcado en un parking cerca de la zona de discotecas, a unos 3 minutos andando de casa de Pablo. La ciudad estaba aún viva a esa hora: grupos de gente saliendo de los bares, taxis pitando, y el aire cargado de música lejana y olor a humo. Caminaba tranquilamente, pensando en llegar a casa y meterme en la cama con Elena, que suponía que ya estaría durmiendo después de su noche.
    
    Al acercarme al parking, que estaba al lado de un parque pequeño –uno de esos con bancos, árboles y caminos de grava–, oí risas y murmullos. No le di importancia al principio; era normal a esa hora. Pero algo me hizo mirar: quizás el instinto, o el hecho de que reconocí una voz familiar. Me acerqué con sigilo, escondiéndome detrás de un árbol grueso, y lo que vi me dejó helado... y al mismo tiempo, excitado de una forma que no esperaba.
    
    Allí estaba ...
    ... Elena, mi novia, en un banco semioculto por los arbustos, con un tío que no conocía. Él era alto, rubio, con pinta de fiestero, vestido con una camisa abierta y vaqueros. Estaban besándose con pasión, sus manos por todo su cuerpo. Elena tenía el vestido subido hasta la cintura, dejando al descubierto sus bragas blancas de encaje –las mismas que yo le había visto poner esa mañana–, y sus tetas casi fuera del escote. El tío la manoseaba sin pudor: una mano en su pecho, apretando un pezón, y la otra entre sus piernas, frotando su coño por encima de la tela. Elena gemía suavemente, con los ojos cerrados, entregada. "Joder, qué puta eres", le decía él en voz baja, y ella respondía con una risa ronca: "Cállate y fóllame ya".
    
    Mi corazón latía como loco. Debería haber sentido rabia, celos, algo negativo. Pero en lugar de eso, sentí una erección inmediata, dura como una roca bajo mis vaqueros. Me quedé paralizado, observando desde las sombras, a unos 10 metros. El parque estaba desierto a esa hora, solo algún coche pasando lejos, así que no había riesgo de que me vieran. Elena se levantó, se quitó las bragas con un movimiento rápido y se las guardó en el bolso. Su coño estaba expuesto, depilado como siempre, brillante de humedad bajo la luz tenue de una farola lejana. El tío se bajó los vaqueros, sacando una polla gruesa, venosa, y se sentó en el banco. Elena se montó encima de él, a horcajadas, guiando su polla dentro de ella con un gemido que resonó en el silencio. "Ah, sí... así", ...