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La familia del marido de mi hermana (20)
Fecha: 04/11/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Alfonso, Fuente: TodoRelatos
... acariciaba mi pecho hasta el pantalón y palpó el bulto que ya crecía. Las caricias comenzaron a sucederse como en un baile acompasado, mientras sus besos se hacían más lascivos y arrolladores. Su forma de tocar, de palpar, de acariciar, era sutil y suave, pero a la vez excitante. Toqué las calientes bragas con las puntas de los dedos. Sentí la suave y sedosa tela ligeramente abultada por los labios vaginales. Su lengua se avivó dentro de mi boca, y bajó la cremallera del pantalón para meter la mano buscando la carne de mi polla que no paraba de endurecerse a la vez que crecía. - Ummmm… - ronroneó sin dejar de besarme. Parecía estar dispuesta a todo para que accediese a subir a su casa. Su mano rodeó el tronco por el que fluía la sangre hinchando las venas, y noté la pericia de sus dedos manejando la verga bajo el pantalón. - Parece que no te da pudor hacer esto en un sitio público. – le insinué cuando pude despegar los labios de los suyos. - En mi casa podría ser más placentero. – insistió de nuevo. Finalmente accedí, porque no podía irme sin saber qué pretendía realmente. - De acuerdo. Subamos a tu casa a tomar esa copa. Me subió la cremallera del pantalón y nos fuimos de ese extraño lugar. Comenzamos a andar por la estrecha acera y me insinuó. - Me has dicho de qué conoces a Sara, la mujer del senador, pero no me has dicho cómo conociste a Gertru. Esa insinuación me mosqueó, porque era la misma pregunta que me había hecho Antonio y no se la ...
... había contestado. Si le daba una respuesta negativa y seca, podía fastidiarlo y no enterarme de sus pretensiones. Opté por algo más sutil y convincente. - Me has puesto muy caliente y ya no puedo pensar en otra cosa. Será mejor que hablemos después de las copas. – le hice pensar que en mi mente ya solo había sexo. - Jajaja. La verdad es que yo también estoy calentita y no me suele ocurrir con facilidad. Pasadas dos manzanas llegamos al portal del piso en el que vivía. Era un barrio humilde, y los pisos también lo eran. Vivía en el cuarto piso, y realmente el piso era un apartamento de una sola habitación, un baño y un salón cocina. Una mesa de madera, cuadrada, con cuatro sillas, llenaba una parte del pequeño salón, y al otro lado, un sofá y un sillón con una mesa baja delante de ellos, más un mueble en la pared donde una gran televisión casi lo llenaba. - Ponte cómodo mientras preparo las copas. Me senté en el sofá y eché un vistazo por todo el salón buscando cámaras; ya no me fiaba de ella. No encontré ninguna, por lo menos que se notara a la vista. Sirvió las copas y se metió un minuto en la habitación para salir con una batita súper corta que casi dejaba ver su culazo, porque tenía un buen culo. Tan solo tres botones la cerraban dejando a la vista una buena porción de unas tetas elevadas de buen tamaño. Mantenía el moño y las gruesas gafas, algo que la hacía desmerecer bastante anulando la sensualidad de su cuerpazo. Se lanzó sobre el sofá para quedarse ...