1. Manuel descubre Dominicana en los baños públicos


    Fecha: 04/11/2026, Categorías: Gays Autor: GTor0, Fuente: TodoRelatos

    Soy Manuel, 62 años, y mi existencia con Ana es un desierto árido y sin fin: despertares con el aroma rancio del café instantáneo, mañanas llenas de silencios pesados donde ni siquiera nos miramos a los ojos, y tardes que se arrastran como cadenas oxidadas. Ella se pierde en sus rutinas domésticas, planchando camisas que nadie usa o devorando novelas románticas que la transportan a mundos donde el deseo aún existe, mientras yo me consumo en un fuego interno que no se apaga. Noches en las que su cuerpo, envuelto en un pijama descolorido, yace a mi lado como un mueble olvidado, y yo me revuelco en sábanas empapadas de sudor, recordando pollas gruesas, culos peludos y chorros de semen que me cubren como una segunda piel. Mi vicio no es solo una adicción; es una obsesión que me devora, que me hace buscar en las sombras de Madrid nuevos abismos de placer crudo y sin límites.
    
    Después de esa doble penetración brutal en la sauna cutre de Moratalaz, donde dos osos me estiraron el culo hasta que grité de éxtasis, mi mente no paraba de dar vueltas. Quería más, joder, siempre más: experiencias que me hicieran sentir vivo, que despertaran mi polla flácida y la convirtieran en una bestia hambrienta. Pasaba horas en el ordenador, cuando Ana salía a sus clases de yoga o a visitar a las amigas, navegando por foros oscuros, chats gays clandestinos donde tíos viciosos como yo compartían secretos. Ahí leí sobre el cruising en baños públicos: lugares anónimos, sucios, donde el deseo se ...
    ... desata sin nombres ni promesas. Glory holes en paredes agrietadas, gemidos ahogados detrás de puertas cerradas, semen salpicando azulejos fríos. Joder, la idea me ponía la polla dura como una piedra, imaginando pollas desconocidas asomando por agujeros, listas para ser chupadas hasta el fondo.
    
    Elegí un baño en el centro de Madrid, cerca de la estación de Chamartin, cerca del trabajo un antro mencionado en varios hilos como punto caliente para osos y viciosos. Era un martes de agosto, el sol de mediodía achicharrando las calles, convirtiendo Madrid en un horno donde el asfalto se derretía bajo mis zapatos gastados. El sudor me corría por la barriga, pegando la camisa a la piel como una segunda capa, y mi polla ya se movía en los pantalones, anticipando el vicio. Ana estaba en casa, seguro que absorta en una de sus telenovelas, yo salia del trabajo, la llame para decirle que iria a tomarme unas cervezas con unos compañeros, ella casi ni respondio, me dijo que estaba bien y que no llegara muy tarde.
    
    Caminé hasta Chamartin, el calor golpeándome como un martillo, el sudor bajando por mi espalda y entre mis nalgas, excitándome más. Los baños eran públicos, en una esquina olvidada de la estación, un lugar cutre con olor penetrante a orina estancada y desinfectante barato que picaba en la nariz. Entré con el corazón latiéndome en el pecho, el pulso acelerado como un tambor de guerra. Los cubículos eran estrechos, paredes cubiertas de grafitis obscenos: dibujos de pollas, números de ...
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