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Manuel descubre Dominicana en los baños públicos
Fecha: 04/11/2026, Categorías: Gays Autor: GTor0, Fuente: TodoRelatos
... teléfono garabateados con promesas de sexo. Me metí en uno, bajé los pantalones y me senté en el retrete frío y sucio, la toalla no era necesaria aquí; todo era crudo, directo, sin preliminares. Mi polla colgaba semi-dura, esperando, mientras oía pasos en el pasillo, respiraciones pesadas al otro lado de la pared. No tardaron en llegar. Dos tíos entraron al cubículo adyacente: morenos dominicanos, joder, con ese acento caribeño que se filtraba a través de la pared fina, risas graves y comentarios en voz baja que me pusieron los pelos de punta. Uno era alto, musculoso, con piel oscura como el chocolate amargo, voz ronca que prometía rudeza; el otro más bajo pero ancho de hombros, brazos como troncos de árbol, y un olor a colonia barata mezclado con sudor que se colaba por el aire. Oí el sonido de cremalleras bajando, el roce de tela contra piel, y luego, a través de un glory hole improvisado –un agujero tosco en la pared, rodeado de astillas–, asomó una polla descomunal: negra como la noche, gruesa como mi antebrazo, venas hinchadas palpitando, la cabeza brillante con una gota de precum que goteaba lentamente. "Chúpala, maricón," gruñó la voz del alto, y yo no dudé ni un segundo. Me arrodillé en el suelo pegajoso, oliendo el almizcle intenso de su sudor mezclado con el hedor del baño, y me acerqué. Agarré esa verga con manos temblorosas, pesada y caliente en mi palma, y me la metí en la boca despacio, saboreando la piel salada, la textura rugosa de las venas bajo mi ...
... lengua. Era enorme, joder, apenas cabía entre mis labios, estirándolos al máximo mientras intentaba tragarla más profundo. Arcadas subieron por mi garganta, lágrimas brotando en mis ojos mientras empujaba mi cabeza adelante, chupando con avidez, mi lengua rodeando el glande, lamiendo el precum que sabía a sal y deseo puro. "Joder, qué boca tienes, viejo," gimió el alto, embistiendo ligeramente a través del agujero, follándome la cara desde el otro lado. Luego, por otro agujero cercano, asomó la segunda polla: igual de monstruosa, curva hacia arriba, con pelotas colgando como bolas de toro, enormes y pesadas, cubiertas de un vello rizado y oscuro que me hacía salivar. "Ahora la mía, puta," ordenó el bajo, su voz más aguda pero igual de dominante. Cambié de posición, arrodillado torpemente en el cubículo estrecho, y ataqué esa bestia. La chupé con devoción, lamiendo desde la base hasta la punta, intentando tragarla entera. Arcadas fuertes me sacudían, saliva goteando por mi barbilla y cayendo al suelo sucio, pero no paraba; empujaba más, sintiendo cómo la cabeza golpeaba el fondo de mi garganta, tosiendo pero persistiendo, mi lengua explorando cada centímetro de esa longitud interminable. "Come polla, cabrón," gruñía él, y yo obedecía, mis manos intentando abarcar lo que no entraba en mi boca. Sus huevos eran un desafío aparte: tan grandes que no cabían en mi boca hambrienta, joder, intenté meterme uno entero, succionando la piel arrugada y salada, lamiendo el sudor acumulado ...