1. FANTASIA DE SECUESTRO CRUEL FEMDOM. PARTE 1.


    Fecha: 04/01/2026, Categorías: Dominación / BDSM Tus Relatos Autor: sumisso22, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... Tras dar unos pasos, ya que la vecina vivía en la casa de al lado, nos detuvimos ante la puerta de su casa que da a su jardín. Ella llevaba sus guantes de goma puestos. Noté cómo agarró mi cara por los mofletes, estrujándolos, y me dijo: "Eres un joven estúpido que necesita disciplina. De mí no te vas a burlar". Me quedé pálido y asustado mientras ella estrujaba mis mofletes. Me soltó el rostro con su guante nauseabundo y finalmente le contesté: "No serás tú quien me castigue, eso te lo aseguro". Ella sonrió de forma perversa y respondió: "No tientes a la suerte, porque podrías lamentar tus palabras".
    Desde ese día, nuestro odio aumentó más. Cada vez que nos cruzábamos o ella estaba en mi casa, volvía a repetir mi falta de modales. En una ocasión, cuando mi madre se levantó a por el café que se estaba preparando en la cocina y nos quedamos a solas en el salón de casa, ella me dijo: "Si yo fuera tu madre, te aseguro que te enseñaría modales. Te aseguro que no se te ocurriría ni rechistar mis órdenes, obedecerías de inmediato". Me daban miedo sus amenazas, viéndola allí sentada con su bata gruesa y sus guantes de goma, hablándome con un tono muy serio. No había ápice de broma. La oscuridad del salón parecía envolvernos, y cada palabra suya resonaba como un eco siniestro.
    
    Un día, tuvimos la discusión más fuerte. Ella continuaba recriminando mi comportamiento. Estaba asomada a su ventana, tras la cortina, de noche, y al verme salir, salió al exterior y comenzó a recriminarme ...
    ... que no eran horas de salir y a dónde iba. Le contesté que a ella no le importaba; iba a salir con mis amigos aquella noche a tomar unas copas. "Tu madre te tiene muy consentido. Si yo fuera tu madre, te aseguro que tú no salías", me dijo. Me enfadé y comencé a decirle que se metiera en sus asuntos. Estaba muy harto de sus reproches y la llamé vieja gorda, diciéndole que estaba loca. Ella se sintió terriblemente ofendida, me miró y me señaló con su guante: "Te vas a arrepentir de tus palabras, estúpido. Te aseguro que vas a suplicarme perdón llorando".
    Me marché del lugar aún sintiéndome miedo de su amenaza. Aquella vieja chiflada daba miedo. Su presencia, siempre vigilante y amenazante, se convirtió en una sombra constante en mi vida. Cada encuentro con ella era una prueba de resistencia, una batalla de voluntades en la que ambos nos enfrentábamos con una intensidad que solo el odio y la repulsión mutua podían generar. La noche parecía engullirme mientras me alejaba, y el eco de sus palabras resonaba en mi mente como una maldición.
    Doña Isabel se adentró en su casa, completamente furiosa por mi falta de respeto y los insultos llamándola vieja gorda. Desquiciada, hablaba para sí misma, jurando que esto no quedaría impune y que me lo haría pagar muy caro. Con manos temblorosas, sacó de debajo de la cama una maleta muy pesada. Al abrirla, una sonrisa sádica se dibujó en su rostro al ver los objetos que allí guardaba: cadenas, esposas, candados, correas de cuero de castigo, su ...
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