1. El Secreto de Juan


    Fecha: 27/01/2026, Categorías: Gays Tus Relatos Autor: jeraro, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... un murmullo que me erizó la piel—. Vestirse como una maricona.
    
    —¡No soy gay! —grité, la voz quebrada por el pánico—. ¡No lo soy! Solo... solo me gusta sentir la tela, la ropa. Me gusta verme así, pero nunca he ido más allá. Nunca he hecho nada con nadie. ¡Te lo juro!
    
    Mi confesión desesperada pareció divertirlo. Una sonrisa cruel, torcida, se dibujó en sus labios.
    
    —¿No eres gay? —repitió, riendo—. Claro que no lo eres. No eres un chico que le gustan los chicos. Eres algo mucho peor. Eres una chica atrapada en el cuerpo de un niño. Y yo... voy a completarte.
    
    —¿Qué? ¿Qué estás diciendo, Carlos? —temblé, retrocediendo hasta que mi espalda golpeó la pared.
    
    —Te lo digo claro —dijo, acercándose hasta que su rostro estaba a centímetros del mío—. Tú ves a una diosa en el espejo, pero solo eres una imitación. Un hombre con bragas. Yo te voy a convertir en mujer de verdad. Te voy a enseñar lo que significa tener un agujero para que lo usen.
    
    Antes de que pudiera procesar sus palabras, se abalanzó sobre mí. Su cuerpo me aplastó contra la pared, el aire salió de mis pulmones en un jadeo. Su mano me agarró la garganta, no lo suficiente para asfixiarme, pero sí para dejarme claro quién estaba al mando. Con la otra mano, me levantó la falda, exponiendo las medias y la braga de hilo.
    
    —¡Carlos, no! ¡Por favor! —suplicé, pero mi voz era un gemido débil.
    
    —¡Cállate! —ordenó, y su mano apretó mi garganta.
    
    Escuché el sonido de su cremallera bajando. Me giró con brutalidad, ...
    ... mi frente golpeando la pared. Con una delicadeza aterradora, sus dedos encontraron el hilo de la braga y lo apartaron, dejando mi culo al aire, vulnerable y temblando. No la rompió. La desplazó, como si quisiera preservar la imagen que tanto me excitaba.
    
    Y entonces, sentí lo inesperado. Algo caliente y húmedo presionó contra mi ano. Era su lengua. Me estaba lamiendo el culo. Un escalofrío de humillación y un placer confuso recorrió mi espina dorsal. Su lengua exploraba, penetraba, humedecía, preparándome para lo que sabía que venía. Me sentía sucio, usado, pero una parte de mí, una parte que odiaba, respondía a su estimulación.
    
    —Así se prepara a una puta —gruñó entre lameduras—. Hay que ablandar el terreno.
    
    Se detuvo. El aire frío golpeó mi piel humedecida. Me revolví como un animal salvaje, pateando y arañando la pared, pero su peso me inmovilizaba. Sentí algo enorme, caliente y pesado, presionando contra mi entrepierna. Era más grande que cualquier cosa que hubiera imaginado, un monstruo de carne que me aterrorizó. Supe, por los comentarios de sus novias, que Carlos estaba dotado, que medía unos 23 o 24 centímetros, pero pensar en ello y sentirlo presionando contra mi culo virgen eran dos mundos distintos.
    
    —¡No! ¡No me hagas esto! —grité, las lágrimas quemando mis mejillas.
    
    —Sí —gruñó en mi oído—. Sí te lo haré. Y te gustará, maricona. O si no, no importa. Porque a partir de hoy, esto es lo que eres.
    
    Y entonces, sin más preámbulos, sin una gota de piedad, ...