1. Negación - Capítulo 1


    Fecha: 02/04/2019, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Gonza-Neg, Fuente: CuentoRelatos

    ... así no veía la forma en la que se proyectaba su sombra en la pared, mientras se preparaba. También agradecí que me haya ubicado en la dirección contraria al espejo. No era que la posición fuera cómoda para mirar, pero tampoco era un espectáculo que agradara a la vista. Bueno, al menos no para mí.
    
    Se acercó. Ubico su mano derecha en mi región sacra, acomodó mi posición, elevando, flexionado mi pelvis, lo que le daba una mejor vista de mi entrada. Con su otra mano, ubico su glande en el vestíbulo de mi ano. Y luego hubo dolor.
    
    En su repertorio nunca existía algún tipo de preparación, “dilatación” no era una palabra que se encontraba en su diccionario, y si lo hacía, tampoco era prioritaria. Sabía que esto era lo que disfrutaba. Ver mi cara, como me contraía con el dolor. Siempre fue así, desde que nos conocimos, se pactó el precio, el decidió el lugar, la hora y el momento. Y el acto sólo se limitó a desnudarme, que él bajara sus pantalones y me penetrara. Eso era todo, con excepción por supuesto, de sus golpes en los días donde las cosas no salían como él deseaba. Y claro, aún dolía como la primera vez.
    
    Me sentí lleno, y probablemente desgarrado. La penetración fue dura. A pesar de tener mis nalgas sensibles tras la descarga de su frustración, no pude sentir sus testículos apoyados en mi perineo, o el vello púbico. Mi mente era ocupada solo por el dolor de su invasión. Apreté más los dientes – cómo si fuera posible – y me aferré a las sábanas blancas de la cama. ...
    ... Todo mi cuerpo estaba tenso, por la intromisión repentina. Él esperó. Se lo había pedido una vez, en una de las extrañas ocasiones en las que nos pusimos de acuerdo en algo para hacer este proceso más placentero. Más bien tolerable. Le rogué que esperara que el dolor pasara, mientras lágrimas caían por mis ojos. Y él había esperado. Y luego siempre espero.
    
    Le indicaba seguir cuando me sentía listo. Cuando el dolor menguaba un poco y me permitía un relajo. Nunca lo disfrutaba. Era un proceso mecánico. Con él no necesitaba fingir placer. A él no le interesaba más que su propio disfrute. Yo era un cascarón, y dudo que en mi cara viera algo más que un ano al que podía penetrar por un módico precio. Bueno, no tan módico.
    
    Apretaba su pene con mi esfínter. Esa era la señal. Y con eso desembocaba la vorágine que era su cuerpo dentro del mío. Y él se movía para su propio gozo, y comenzaba un vaivén frenético. Apoyaba sus manos en mis caderas y ejercía fuerza para que mi cuerpo impactara con su pelvis, y me alejaba con un movimiento fluido. Y lo admito, si las circunstancias fueran distintas, lo disfrutaría, lo hacía con otros de mis clientes. Pero con él no podía. Había en mi mente algo, que bloqueaba el placer, y solo esperaba que terminara. Deseaba mi hogar.
    
    Cuando me sentí listo relaje el gesto, y él se tensó con expectación. Deseando la señal que le permitiera poseer mi cuerpo. Lo sabía por la dureza de su falo en mi interior. Y también sabía, que en el momento en que ...