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No enseñes a besar a tu hijo
Fecha: 30/03/2026, Categorías: Incesto Tus Relatos Autor: Tito, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... contacto con su miembro. Se dedicaba a lamerme, frotarme, mojarme un poco más si eso fuese posible. Buscaba mi boca y la atendía goloso mientras murmuraba tiernas palabras de amor. Todo mi cuerpo era objeto de su atención y me arrancaba un orgasmo detrás del otro. Pero no me dejaba penetrar. No sé bien por qué, pues nada era ya normal entre mi hijo y yo y el acto final aguardaba, más allá de mi resistencia. Sentía la punta de esa bella verga pugnando por ingresar en mí y me excitaba tanto que llegaba a lanzar pequeños chorros de orina, que mi hijo consumía como un líquido precioso. Para compensarle de tanta frustración, empecé a hacerle pajas mientras nos besábamos en la cama. Al principio estas barbaridades las cometíamos en lo oscuro, pero el ansia de observarnos pudo más. El gran espejo frente al lecho fue cómplice del trato carnal entre una madre y su hijo adolescente. A él le gustaba verse masturbado por mí observando en el espejo. A mí me gustaba incluso más que a él ver mis manos sobando su preciosa verga. Y las boca seguían su juego sucio. Entre tanto ajetreo a menudo estuvo cerca de ponérmela. Pero ya parte del juego era mi oposición a este final. Cuando yo sentía que estaba por entregarme, me bajaba de la cama e iba al baño con el pretexto de orinar o cosas así. Él al principio me esperaba tendido en la cama. Luego me seguía, con su mástil duro como piedra y palpitante. De vuelta al dormitorio me apretaba contra la pared y me manoseaba a sus anchas. Yo, feliz ...
... de ser tratada así. Y vuelta a masturbarlo, hasta que no aguantaba y se venía como un gran potro. Semen derramado a chorros caían sobre partes de mi cuerpo, por el piso y las paredes, en las sábanas, por donde llegaran. Su acabar era ruidoso, primitivo, plagado de suspiros, gritos y jadeos poderosos. Y yo acababa con solo ver sus contorsiones y oír sus cosas de hombre en celo. Luego se tiraba un rato y recomenzaba al rato, con esa energía que solo tienen los machos jóvenes. Hasta tres veces llegué a sacarle su jugo varonil. Luego por fin se echaba de costado y dormía. Yo, en tanto, yo me imtroducía cosas en la vagina para acabar repetidamente. En una madrugada en que estaba su padre, me salí del lecho y vestida con un pantalón corto y una remera, fui a su pieza. Dormía boca arriba con su cosa saliendo del boxer. Hice lo que nunca había hecho antes. Me puse ese trozo en la boca y logré que se endureciera. Mí hijo no despertaba del todo y en ese estado me subí sobre él y corriendo un poco el pantalón, dejé de reprimirme. Acomodé la punta entre mis labios vaginales e hice que se introdujese despacio. "Vamos a hacerlo" comencé a decir sin querer. Y lo repetía a medida que la verga de mi hijo se me ganaba adentro. Cuando Fabián terminó de despertarse yo ya era absolutamente su mujer. Mis caderas se movían por puro instinto, para que el recorrido se completará y volviera a empezar. Nunca había tenido una cosa así de grande y gruesa dentro mío y no terminaba de sentirla. Mi hijo, ...