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Mi verano en La Molina
Fecha: 13/05/2026, Categorías: Confesiones Tus Relatos Autor: VillaEgo, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... terminamos, estábamos todas sudadas, despeinadas, respirando agitadas. Don Fernando se incorporó, con la cara brillante. Mateo se recostó en la cama, sonriendo. —Buen comienzo —dijo don Fernando—. Ahora, a la ducha. Mañana hay más. ________________________________________ Las semanas siguientes Ese fue solo el principio. Durante todo el verano, esas sesiones se volvieron rutina. A veces era con los dos, otras veces con uno solo. A veces en grupo, a veces individual. Aprendí los gustos de cada uno. Don Fernando era más rudo, más dominante. Le gustaba que le chuparan la verga mientras él nos nalgueaba. Le encantaba follarnos por detrás, agarrándonos las caderas con fuerza. Mateo era más juguetón, más experimental. Le gustaba que nos tocáramos entre nosotras, que nos besáramos mientras él nos miraba. Una vez nos pidió a Yuki y a mí que nos besáramos frente a él, mientras él se masturbaba. Yuki tenía los labios suaves, sabía a cereza. Su lengua pequeña se enredó con la mía. Fue extraño, pero excitante. Otra vez, Lola y yo estuvimos juntas con don Fernando. Él nos puso en cuatro, una al lado de la otra, y nos follaba alternando: una embestida a Lola, otra a mí. Su verga se mojaba con los jugos de ambas. Lola gemía fuerte, su culito duro temblaba con cada golpe. Yo me sentía llena, caliente. Su pija entraba profundo, me llenaba toda. Jennifer era la más experimentada. Una tarde, mientras Mateo nos ...
... observaba, ella me enseñó a hacerle un buen oral a don Fernando. Me dijo que usara las manos también, que jugara con sus bolas, que mirara hacia arriba mientras lo mamaba. Lo hice y él casi se vuelve loco. Se vino en mi boca, y yo tragué todo, como ella me había enseñado. Pero también hubo momentos más tranquilos. A veces, después de follar, nos quedábamos en la cama grande, viendo televisión o simplemente hablando. Don Fernando nos contaba historias de sus viajes, Mateo nos preguntaba de nuestras vidas. La gringa Jennifer nos enseñaba palabras en inglés. Yuki cocinaba sushi para todos. Lola y yo hacíamos ejercicio juntas en el gimnasio de la casa. No todo era sexo. Pero el sexo era el centro. Y la plata era buena. Muy buena. Al final del verano, tenía suficiente para pagarme la universidad, más un colchón de ahorros. Me despedí de las otras chicas con un abrazo. De don Fernando y Mateo, con un beso y una promesa: "Si vuelven a necesitar compañía, aquí estoy." Salí de esa mansión con el cuerpo marcado por las experiencias, con recuerdos que me harían sonrojar por años. Pero también salí con la cabeza en alto. Lo había hecho por mí. Y no me arrepentía de nada. Ese verano en La Molina me cambió. Me hizo más fuerte, más segura. Aprendí que mi cuerpo valía, que podía usarlo para conseguir lo que quería. Y que el placer, bien canalizado, podía ser una moneda de cambio tan poderosa como cualquier otra.