1. EL BACANAL DE TRAQUETOS


    Fecha: 17/05/2026, Categorías: No Consentido Tus Relatos Autor: VEKU, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... mano por su muslo lentamente—. Ven, acércate despacito que quiero consentirte…
    Pero yo no estaba para coqueteos ni caricias suaves. Venía encendido, con la sangre hirviendo después de lo que había visto. Sin decir una palabra, cerré la puerta de un golpe y me acerqué a ella con pasos firmes.
    —Ahora no, Aleja… —gruñí con voz ronca.
    La tomé del brazo con firmeza y la levanté del sofá en un segundo. Alejita soltó un gemido de sorpresa.
    —¡Espera, Richard! ¡Ah! —exclamó, pero ya era tarde.
    La giré bruscamente y la empujé sobre el ancho brazo del sofá de cuero, dejándola boca abajo, con el culo bien alto y la cara aplastada contra los cojines. Le bajé el body de un tirón violento, exponiendo su coño y su culo.
    ¡Plaf! Le solté una fuerte nalgada que resonó en toda la habitación.
    —¡Aaaayyy! ¡Richard! —chilló Alejita.
    No esperé ni un segundo. Saqué mi gruesa verga negra, poderosa y completamente erecta, y la coloqué en su entrada. De un solo empujón brutal la penetré hasta el fondo, abriéndola por completo.
    ¡Plap! ¡Plap! ¡Plap! ¡Plap! ¡Plap!
    —¡Aaaahhh! ¡Dios mío! ¡Qué grande! ¡Me estás partiendo! ¡Aaaayyy! —gritaba Alejita descontrolada, agarrándose con fuerza del sofá mientras yo la embestía como un animal.
    Mis caderas chocaban con fuerza contra su culo, follándola con rabia y urgencia. El sonido húmedo de su coño llenaba la habitación: ¡Chup! ¡Chup! ¡Chup!
    —¡Mmmhh! ¡Ahh! ¡Ahh! ¡Sííí! ¡Más fuerte! ¡Aaaahhh! ¡Richard! ¡Por favor! —gemía ella sin parar, con la voz ...
    ... entrecortada y temblorosa.
    La agarré del pelo rubio con una mano y tiré hacia atrás mientras seguía metiéndosela profundo y rápido. Después de varios minutos en esa posición, la levanté, la giré y la tiré de espaldas sobre el sofá. Le abrí las piernas al máximo y volví a montarla en una salvaje posición de misionero, penetrándola con toda la potencia de mi verga gruesa.
    ¡Pum! ¡Pum! ¡Pum! ¡Pum!
    —¡Aaaayyy! ¡Me vas a romper! ¡Ohhh Dios! ¡Sííí! ¡Así! ¡Más duro! ¡Mmmhh! ¡Ahh! ¡Ahh! ¡Aaaahhh! —gritaba Alejita, clavándome las uñas en la espalda y temblando debajo de mí.
    Sus gemidos agudos y desesperados llenaban toda la suite mientras yo desquitaba toda mi excitación con su cuerpo.
    
    Estaba bastante enérgico, por lo que Aleja no podía decir nada ni hacer nada. De verdad, para mí en ese momento era una muñeca sexual de plástico que podía hacer con ella lo que quisiera, sin oír su voz, solo sus medias palabras y vocales. Aleja solo fue un instrumento sexual de desahogo. Cuando terminé de eyacular dentro de Aleja, ni me despedí, solo salí y dejé que otro entrara para que hiciera lo que quisiera con ella.
    Para entonces, ya todas las presentadoras estaban atendiendo hombres uno tras otro. Había filas en las puertas de los cuartos y, muy seguramente, varias personas con la idea de repetir.
    Yo fui a comer algo y tomar unos whiskys. En el camino solo escuchaba euforia: hombres presumiendo de cuál presentadora se habían follado y cómo lo habían hecho. Al fondo, entre el bullicio, se escuchaban ...
«12...101112...24»