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EL BACANAL DE TRAQUETOS
Fecha: 17/05/2026, Categorías: No Consentido Tus Relatos Autor: VEKU, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... pliegues, lo cual era fácil entre tanto manos haciendo el intento ella no alcanzaba a detenerlos, y al final podiamos observar sus prominentes nalgonas. A su vez, pudieron comprobar que usaba un cachetero negro de encaje ajustado, el cual animaba aún más a los machos, al igual que la propia resistencia de Melina al ser acosada. Y es que Melina estaba bien arisca y no era para menos porque los hombres buscaban fastidiarla aún más al buscar tomar imágenes de ella no solo de su culo sino de intimidad de su pelvis que se veía enorme a pesar de sus cacheteros que lo cubrían, tan grande que se empezó a vociferar: • Esa hembra tiene una cuca de cancha de fútbol. Al final, Melina llegó a campo seguro donde las otras chicas, que tal vez tenían más cancha, trataron de calmarla. Pero eso no duraría mucho, porque lo que venía era el verdadero entretenimiento. Les esperaba una noche de trabajo duro. Entonces Don Eusebio puso las reglas claras: las hembras solo podrían ser tocadas con pase o salvoconducto, los cuales deberían comprar con el tesorero del cartel o con el permiso y la tarifa que estableciera Julián, dueño de las hembritas. — Tranquilos —dijo—, pueden estar con ellas, invitarlas a un traguito, coquetearlas y bailar, pero si quieren follarlas… ya saben: pagando por anticipado. Julián, que de por sí estaba contento, casi de inmediato respondió: — Qué buena idea, viejo. Pero yo delego eso de los salvoconductos y las tarifas a mi hermano Ricardo, porque yo tengo que ...
... hacer… Y claro, no había posibilidad de negarme. Casi de inmediato, más de uno se alborotó para solicitar un servicio. Pero antes vino el espectáculo de llevar a Melina a una suite del hotel para que Julián hiciera uso de su regalo. Melina, al darse cuenta, trató de escapar corriendo, pero era absurdo con tanta seguridad y tantos hombres alrededor. Le cerraron el paso fácilmente. Julián, queriendo más diversión, ordenó que la corretearan entre todos. Al final, la dejaron avanzar por varios corredores del hotel hasta que Julián la enlazó por la cintura. Entre varios, incluido yo, comenzamos a tirar de ella y arrastrarla por el suelo. Pero ella, negándose a su destino, se agarraba de cuantas sillas y barandas encontraba, retrasando su llegada a la suite. Al final, eso fue peor para ella. Porque Julian sin pudor no aguanto mas y llegaron arrastrándola hasta uno de los amplios corredores del primer piso del hotel, justo frente a una sala abierta que daba al pasillo principal. Allí no había puertas, cualquiera que pasara podía ver todo. Julián, ya descontrolado, no quiso esperar a llegar a la suite. — ¡Aquí mismo, hijueputa! tengamenla mientras se la meto —gritó. Entre varios la sujetaron contra un sofa grande de la sala. Melina forcejeaba desesperada y llorando. Julián la agarró fuerte por el pelo rubio, le levantó la falda de un tirón y le bajó el cachetero negro hasta las rodillas. — ¡Nooo! ¡Por favor, Julián! ¡No me viole! —suplicaba Melina entre sollozos—. ¡Estoy casada! ...