1. EL BACANAL DE TRAQUETOS


    Fecha: 17/05/2026, Categorías: No Consentido Tus Relatos Autor: VEKU, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... ¡Tengo un hijo! ¡Por favor, no me haga esto!
    Pero Julián estaba completamente agresivo y loco de deseo. Sin escucharla, se sacó la verga dura como piedra y se la metió de un solo empujón brutal hasta el fondo en su cuca.
    — ¡Cállate, yegua! —rugió mientras empezaba a cogérsela con fuerza salvaje—. ¡Hoy te hago mía, malparida! ¡Casada o no, esta cuca ya es mía!
    Melina gemía y lloraba con cada embestida violenta, pero Julián parecía poseído. La agarraba fuerte de las caderas y la penetraba como un animal, dándole duras nalgadas en su culo voluminoso mientras repetía:
    — ¡Esta yegua es mía! ¡Mía, hijueputa! ¡Voy a llenarte toda!
    Varios hombres observaban el espectáculo desde el corredor, algunos grabando con sus celulares, mientras Julián la follaba sin piedad en pleno público, completamente descontrolado por hacerla suya.
    Los hombres que rodeaban la sala empezaron a gritar y a impulsarlo:
    — ¡Dóminala, Julián!
    — ¡Dale duro a esa yegua!
    — ¡ rómpela, que es tuya!
    — ¡Métele verga hasta que aprenda!
    — ¡Duro! ¡Dóminala!
    — ¡Rómpela, parcero!
    Julián, completamente descontrolado y excitado por los gritos, agarró el vestido negro de Melina y lo rasgó violentamente de arriba abajo, dejándola prácticamente empelota delante de todos. Con rabia y lujuria, le arrancó el brasier de un tirón, liberando sus tetas generosas y pesadas, y luego le bajó y arrancó los cacheteros negros de encaje, dejándola completamente expuesta.
    Julián, completamente enloquecido, seguía taladrando a ...
    ... Melina con fuerza salvaje, moviendo las caderas como un motor percutor, metiéndole toda la verga negra hasta el fondo con embestidas brutales y rápidas.
    Melina lloraba desconsolada, con el rostro bañado en lágrimas y el maquillaje corrido, mientras forcejeaba inútilmente:
    — ¡Basta! ¡Por favor, basta! —suplicaba entre sollozos entrecortados—. ¡No más! ¡Para, Julián! ¡Me estás haciendo daño! ¡Por favor… paraaa!
    Pero sus ruegos solo parecían excitar más a Julián, quien la agarraba con más fuerza de las caderas y le seguía dando verga sin piedad, golpeando su pelvis contra ese culo voluminoso con un sonido seco y constante.
    — ¡Cállate y disfruta, yegua! —le gruñía él mientras le chupaba y mordía las tetas—. ¡Esta cuca ya es mía! ¡Llora todo lo que quieras, que te voy a llenar!
    Melina pataleaba y movía la cabeza de un lado a otro, llorando amargamente:
    — ¡Nooo! ¡Basta… te lo suplico! ¡Tengo un hijo… para por favor!
    Sin embargo, Julián no se detenía. Seguía taladrándola como un animal, cada vez más rápido y más profundo, mientras los hombres alrededor celebraban y grababan el brutal espectáculo.
    Y pronto vino lo que todos estaban esperando. El cuerpo de Melina la traicionó sin piedad.
    Empezó a sufrir violentos espasmos, sus ojos se volteaban y su mirada se perdía. De su garganta salían gemidos roncos y entrecortados, mezclados con un largo y quebrado “¡Yaaaaaaa…! ¡Aaahhh…!” que no terminaba de salir.
    Sus piernas, temblando sin control, se enredaron alrededor de la cintura de ...
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