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LA BODEGA DE ALEJA
Fecha: 21/05/2026, Categorías: No Consentido Tus Relatos Autor: VEKU, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
Para esos días, mi cuñada Alejandra —por así decirlo— era la mujer de mi hermano mayor, quien la había preñado unos años atrás en un acto de irresponsabilidad. En los planes de mi cuñada Aleja no estaba quedar embarazada; literalmente, como se dice popularmente, fue un golazo que le metió mi hermano. Un golazo que se entiende, porque mi cuñadita Aleja no es de esas mujeres por las que valga la pena usar condón. Esto se debía no solo a lo hermosa que era físicamente —lo que le habría abierto un camino laboral importante en la televisión como actriz y presentadora—, sino también a las oportunidades en el modelaje que tenía gracias a sus medidas excepcionales: una estatura de 1,73 metros (5 pies y 8 pulgadas). Su silueta mantenía una proporción clásica y sumamente curvilínea de 90-65-92 (busto, cintura y cadera), con unas caderas que habían sido finalistas como “la mejor cola del país” en una revista reconocida. Aunque no ganó el premio, mi hermano Fabio sí la premió y la inauguró, ¡jajajaja! Sin embargo, mi hermano era de malas andanzas y, no conforme con haberle cargado una responsabilidad, la envolvió en sus malos negocios, haciendo que ella quedara debiendo una gran suma de dinero a prestamistas del bajo mundo. Esto terminó con mi hermano Fabio escondiéndose de la vista pública; apenas sabíamos de él por mensajes de Telegram. Mientras tanto, mis padres (Mario e Ingrid) decidieron apoyar a Alejandra, por lo que nos trasladamos a vivir con Aleja y su hija. El objetivo era ...
... ayudarla económicamente,aunque mi madre como toda suegra aun no la pasaba del todo, mi padre Mario como macho alfa de la familia había querido proteger a su nuera si o si por lo que en un principio asume la deuda con los prestamistas y apoyarla con el capital para un emprendimiento de fabricación y comercialización de pijamas pero esta iniciativa de Aleja no duró mucho a quebro. Por otro lado estaba yo, que tenía 20 años. Al igual que mi padre, éramos hombres de campo: piel curtida, profundamente bronceada y manos anchas, fuertes y de palmas callosas por el uso rudo del azadón y el machete. Al estar lejos de nuestro campo, me dediqué a estudiar por las noches y, durante el día, trabajaba como domiciliario en moto. Por eso solía no estar mucho en casa, aunque procuraba regresar lo más posible para echarle un ojo a mi cuñada. Lo confieso: le tenía muchas ganas. Cada vez que la miraba y me hablaba con esa voz paisa tan tierna, me ponía la sangre caliente (me excitaba). Y más aún cuando usaba esas pijamas cortas y sexys que ella misma diseñaba, las cuales dejaban ver sus hermosas piernotas, compuestas por unos muslotes gruesos y carnudos. Ni hablar de sus caderas prominentes: anchas, cargadas y perfectamente redondas, de esas que te hacen perder la cabeza apenas las ves moverse. Olvídandome de que ella era la mujer de mi hermano, mi cuñada y la mamá de mi sobrina. Por eso entenderán que, para esa época, todas mis pajas estaban dedicadas a Aleja. Y para mayor satisfacción, ...