1. LA BODEGA DE ALEJA


    Fecha: 21/05/2026, Categorías: No Consentido Tus Relatos Autor: VEKU, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... sofá.
    Al día siguiente me levanté con las imágenes todavía frescas y clavadas en la cabeza. No había podido dormir bien; cada vez que cerraba los ojos veía el cuerpo desnudo de Aleja cabalgando a mi padre, sus enormes caderas rebotando y su cara de placer mezclada con vergüenza.
    Bajé a la cocina y ahí estaba mi padre, sentado a la mesa desayunando con toda tranquilidad y cinismo al lado de mi mamá, quien seguramente no tenía ni idea de lo que había pasado la noche anterior. Mario comía como si nada, con esa cara de hombre satisfecho. En cuanto me vio, me hizo una seña con la cabeza y me dijo con voz firme:
    —Vení, nos vamos juntos. Tenemos que hablar.
    Subimos a la camioneta y, apenas arrancamos, quedó claro que esa “charla” no era para explicarme nada, ni mucho menos para pedirme disculpas. Mi padre fue directo al grano, con tono serio y amenazante:
    —Mirá, lo que viste anoche no es asunto tuyo. No vas a comentar nada de esto con nadie, ¿me entendiste? Ni con tu mamá, ni con Aleja, ni con nadie. Vos no te metés en ese asunto. Hacés de cuenta que no viste nada y punto. ¿Estamos claros?
    
    Esa charla con mi padre no me afectó en absoluto. Al contrario, me dio una sensación de poder y morbo que no había sentido antes. Si él se estaba tirando a Aleja a escondidas, ¿por qué yo no podía aprovecharme también? Ella vivía bajo nuestro techo, dependía económicamente de nosotros y ahora yo tenía un secreto que podía usar a mi favor. Decidí que iba a acosarla poco a poco, sin ...
    ... prisa.
    Desde ese día empecé a ser más atrevido.
    Una mañana, mientras Aleja estaba en la cocina preparando el desayuno, vestida solo con una de sus pijamas cortas, me acerqué por detrás en silencio. Ella estaba inclinada buscando algo en la nevera y su culo enorme quedó perfectamente expuesto. Sin pensarlo dos veces, le solté una nalgada fuerte y sonora con la palma abierta. El golpe retumbó y su nalga carnosa se movió en ondas. Aleja dio un brinco y se giró asustada.
    — ¡Ey! ¿Qué haces? ¡Estás loco! —me reclamó, roja de vergüenza y rabia.
    Yo solo sonreí y le dije bajito:
    —Tranquila, cuñadita… solo estoy saludando esa rica cola que tienes.
    Otra tarde, ella estaba colgando ropa en el patio trasero. Me acerqué disimuladamente, la agarré de las caderas anchas con ambas manos y apreté fuerte, pegándome a ella para que sintiera mi verga semi-dura contra su culo. Aleja se tensó y trató de zafarse.
    —Suéltame… por favor… —suplicó en voz baja, mirando hacia la casa por si alguien salía.
    —Qué rico se siente esto —le susurré al oído mientras le sobaba las nalgas por encima de la tela—. Mi hermano y mi papá ya lo probaron… ¿cuándo me toca a mí?
    Por las noches era aún más fácil. Una vez que mis papás ya estaban dormidos, la esperé en el pasillo cuando ella salió del baño. La acorralé contra la pared, metí una mano debajo de su camiseta y le agarré una teta mientras con la otra le daba nalgadas cortas y seguidas. Aleja forcejeaba en silencio, muerta de miedo a que nos escucharan.
    —Para… ...
«1234...»