1. LA BODEGA DE ALEJA


    Fecha: 21/05/2026, Categorías: No Consentido Tus Relatos Autor: VEKU, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... de vez en cuando agarraba alguna de sus pijamas o su ropa interior —tangas, brasieres, lo que encontrara a la mano— para masturbarme oliendo su aroma mientras me jalaba la verga.
    Todo ese momento me parecía normal, lo único era la visita constante de los prestamistas pero mi padre se encargaba por lo que todo estaba bajo control, como una familia normal. Pero una noche, al llegar de mis estudios nocturnos cerca de la una de la mañana, escuché ruidos extraños que venían del cuarto de estudio, ese que ahora era más una bodega llena de cachivaches. Me acerqué sigilosamente y, al abrir la puerta con cuidado, me quedé completamente pasmado con lo que vi. Ahí estaba Aleja, completamente desnuda, montada a horcajadas sobre mi padre Mario, quien estaba sentado en el viejo sofá. Ella cabalgaba con fuerza, sus enormes caderas chocando con violencia contra las piernas de él mientras sus nalgas carnosas rebotaban sin control. Mi padre la tenía agarrada firmemente de la cintura y la embestía desde abajo con brutales estocadas.
    Estaban tan metidos en su clímax que no se percataron de mi presencia. Yo los observaba desde el marco de la puerta, petrificado, con el corazón latiéndome a mil. Justo en ese momento mi padre abrió los ojos, me vio y, sin dejar de follar a Aleja, me gritó con voz ronca y enérgica:
    —¡Lárgate de aquí, carajo!
    Aleja soltó un grito ahogado de vergüenza al darse cuenta de que yo estaba ahí, intentó bajarse rápidamente, pero mi padre la abrazó con más fuerza ...
    ... contra su cuerpo, sin sacársela, y le rugió al oído:
    —A ver, ni se te ocurra dejarme sin terminar, ¡perra!
    Aleja, muerta de la vergüenza al darse cuenta de que yo los había visto, intentó bajarse desesperadamente mientras jadeaba:
    —Mario, por favor… ya, suéltame… tu hijo nos vio… ¡terminemos esto!
    Pero mi padre no tenía la menor intención de parar. La sujetó con más fuerza de las caderas, hundiendo los dedos en esa carne gruesa y jugosa, y siguió embistiéndola desde abajo con estocadas fuertes y profundas.
    —Qué mierda voy a terminar… —gruñó con la voz ronca de excitación—. Ahora más que nunca te voy a llenar, perra. Quédate quieta.
    La apretó contra su cuerpo y aceleró el ritmo, follándola con brutalidad mientras ella gemía entre vergüenza y placer. Apenas unos segundos después, mi padre soltó un gruñido gutural y se corrió dentro de ella, sujetándola firmemente para que no se moviera ni un centímetro mientras le descargaba todo.
    Yo cerré la puerta sin hacer ruido y me fui a mi cuarto. Me tiré en la cama con la imagen grabada en la cabeza: el cuerpo desnudo de Aleja, sus tetas saltando, esas caderas anchas y su culo carnoso chocando contra mi padre. No sentí tristeza ni celos… al contrario, me llené de un morbo cabrón. Ver a mi cuñada siendo cogida de esa forma tan puta me había puesto la verga dura otra vez. Me quedé dormido pensando en ella, en cómo se veía montada, gimiendo y recibiendo leche, imaginando que algún día sería yo el que la estuviera partiendo en ese mismo ...
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