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LA BODEGA DE ALEJA
Fecha: 21/05/2026, Categorías: No Consentido Tus Relatos Autor: VEKU, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... nalgas enormes subían y bajaban, golpeando mis piernas con fuerza: ¡clap! ¡clap! ¡clap! —Mirá cómo rebotan esas nalgas de puta… —le decía dándole cachetadas en el culo—. Movete más rápido. Al final Aleja ya no fingía resistencia. Cabalgaba sola, gimiendo como loca, con las tetas saltando y el sudor corriendo por su cuerpo. Me corrí por tercera vez dentro de ella, agarrándola fuerte del culo mientras descargaba todo lo que tenía: “¡Ufff! ¡Qué rico coño tenés, cuñada!”. Cuando terminé, Aleja se quedó tirada en mi cama, con mi semen escurriéndole entre las piernas, respirando agitada y con la mirada perdida entre vergüenza y placer. Con el paso de los días, Aleja terminó resignada a su nueva realidad. Ya no luchaba tanto. Se había convertido en la puta de la casa: era follada por mi padre y por mí varias veces al día. Por las mañanas mi papá la cogía duro en la cocina o en el cuarto de bodega antes de que mi mamá se levantara. Al mediodía, cuando yo regresaba del trabajo, la agarraba en cualquier rincón: la ponía contra la pared, la sentaba en la mesa del comedor o la hacía arrodillarse para chupármela. Por las noches, mi padre y yo la usábamos juntos. A veces la cogíamos por turnos, otras la follábamos los dos al mismo tiempo, uno por el coño y otro por la boca, mientras ella gemía resignada, con la cara llena de vergüenza y placer. Aleja ya casi no protestaba. Solo abría las piernas o se ponía en cuatro cuando se lo ordenábamos. Su cuerpo la había traicionado por ...
... completo. Hasta que un día la rutina se rompió de la peor manera. Estábamos en la sala cuando tocaron la puerta con violencia. Eran los prestamistas: dos tipos duros de unos 50 y 48 años, tatuados, de mirada fría y mala fama. Venían a cobrar. Mi padre intentó calmarlos, pero ya estaban hartos de promesas incumplidas. —Mirá, Mario —dijo el más viejo con una sonrisa asquerosa—, ya nos tienes cansado. Como no tienes la plata… nos vamos a llevar a tu nuera como pago. Esa hembra que tienes ahí es la mejor moneda que podés darnos. Aleja palideció y retrocedió, pero los dos tipos entraron sin permiso. Mi padre, cobarde como siempre, solo bajó la cabeza y no dijo nada. Los prestamistas no perdieron tiempo. Agarraron a Aleja entre los dos y la tiraron sobre el sofá de la sala. El de 50 años le arrancó la blusa de un tirón, dejando al aire sus tetas, mientras el de 48 le bajaba los shorts y le abría las piernas con brusquedad. —¡No! ¡Por favor! ¡Mario, ayudame! —suplicó Aleja llorando. Pero mi padre se quedó callado mirando. El más viejo se sacó una verga gruesa y venosa y se la metió de un solo empujón en el coño. ¡Plaf! —¡Aaaahhh! ¡Me duele! —gritó Aleja. —¡Qué apretado tenés el coño, puta! —gruñó el hombre mientras la embestía con fuerza, haciendo rebotar sus nalgas carnudas—. ¡Plap! ¡Plap! ¡Plap! ¡Plap! El otro tipo le metió la verga en la boca, follándole la garganta sin piedad: —Chupá bien, zorra. Esto es lo que vale tu deuda. La cambiaron de posición varias veces. La ...