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UN LIVE CON INTRUSO GUERRILLERO
Fecha: 11/06/2026, Categorías: No Consentido Tus Relatos Autor: VEKU, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... pensarlo dos veces, soltó el teléfono (que quedó transmitiendo el live) y corrió descalza hacia el interior de la casa, dirigiéndose al garaje. —¡No! ¡Dios mío, no! —gritó mientras corría. Afuera, la voz ronca y autoritaria de Rata retumbó como un trueno: —¡Vamos muchachos! ¡La yegua se asustó! ¡Atrápenla! ¡Cojan a esa hembra grandota! ¡Hoy nos la vamos a comer! Como una manada de lobos, los hombres saltaron las ventanas y rompieron lo que hizo falta. Ya no eran doce… en pocos minutos eran casi dos docenas de guerrilleros “Malandros” invadiendo la casa. Algunos entraron por la terraza, otros por las ventanas laterales, rifles en mano, botas sucias dejando huellas en el piso. Melina corría desesperada, su vestido tie-dye subiéndose por sus muslos gruesos mientras sus tetas grandes rebotaban con cada zancada. Podía escuchar las botas detrás de ella, las risas brutales y los gritos llenos de lujuria. —¡Corre yegua! ¡Corre! —gritaba uno riendo. —¡Te vamos a violar, mamita! ¡Te vamos a partir ese culo rico! —rugió otro. Melina llegó al garaje y trató de cerrar la puerta, pero ya era tarde. Dos hombres la empujaron con facilidad y entraron. Ella corrió alrededor del carro, jadeando, el miedo y la adrenalina haciendo que su cuerpo temblara. Los hombres no la agarraban de inmediato. Jugaban con ella. La correteaban como si fuera un animal en una cacería. Le daban pequeñas esperanzas de escapar, solo para cortarle el paso entre risas y silbidos. —Venga yegua… déjese montar ...
... por las buenas —dijo uno, un tipo fornido con pañuelo rojo, lamiéndose los labios mientras la acorralaba contra la pared—. Hace meses que no metemos verga en una hembra. Miren esas tetas cómo le rebotan… ¡están pidiendo leche! —¡Agárrenla! ¡Quiero ver cómo se menea cuando se la estemos metiendo todos! —gritaba otro. Melina gritaba y lloraba de terror, intentando esquivar manos que la rozaban a propósito: un manotazo en el culo, un tirón del vestido que casi le baja uno de los tirantes, dedos que le rozaban los pechos al pasar. Rata entró al garaje caminando tranquilo, con una sonrisa sádica. Se acomodó la entrepierna, donde ya se le marcaba una erección gruesa. —Tranquila, mamita… entre más corras, más rico nos vamos a poner. Esta yegua grandota nos va a tener que atender a todos hoy. Melina estaba acorralada contra la pared del fondo del garaje, respirando agitada, el vestido desacomodado, sudor brillando en su escote. Dos docenas de hombres la rodeaban, mirándola como carne fresca, tocándose por encima del pantalón mientras seguían gritándole obscenidades: —¡Te vamos a violar hasta que pidas misericordia! —¡Abre esas piernas, puta! —¡Hoy te vamos a dejar embarazada entre todos! Melina estaba pegada contra la fría pared del garaje, el corazón latiéndole tan fuerte que parecía que iba a explotarle en el pecho. Sus ojos grandes y llenos de lágrimas recorrían desesperadamente la escena: dos docenas de hombres armados, sucios, barbudos y con miradas de animales salvajes ...