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UN LIVE CON INTRUSO GUERRILLERO
Fecha: 11/06/2026, Categorías: No Consentido Tus Relatos Autor: VEKU, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... desproporcionadamente grande, larga y gruesa. No quería irse. Llevaba ya seis veces follándosela y todavía seguía con hambre. La agarró del brazo y la arrastró fuera de la habitación, completamente desnuda y tambaleante, hasta la mesa del comedor. —Todavía no terminé contigo, mamita… —murmuró con voz ronca. La dobló sobre la mesa del comedor, empinándole el culo carnoso. Melina quedó con las tetas aplastadas contra la madera fría, la cara de lado y la mirada perdida, completamente pasmada. El joven negro se colocó detrás de ella y la penetró de un solo golpe brutal. Empezó a follarla con intensidad salvaje, azotando su culo con fuerza mientras entraba y salía. —Uff… qué rico coño tienes… —gruñía, sin parar. Tomó una botella de agua que había sobre la mesa, bebió un largo trago sin dejar de embestirla, y siguió taladrándola con ritmo constante y profundo. Sus caderas chocaban contra el culo grande de Melina una y otra vez, produciendo sonidos húmedos y fuertes. Ya era la sexta vez que la montaba y no parecía cansado. Su verga larga y negra entraba hasta el fondo, golpeándola sin piedad. Melina solo podía gemir débilmente, con los ojos entrecerrados ...
... y el cuerpo sacudiéndose sobre la mesa. Pensamientos de Melina: “No puedo más… este muchacho no se cansa… ya van seis veces y sigue follándome como un animal. Me duele todo… estoy llena de semen… solo quiero que termine…” En ese preciso momento, la puerta principal se abrió. El marido de Melina entró cargando unas bolsas y se quedó congelado al ver la escena en el comedor: Su esposa de 38 años, completamente desnuda, doblada sobre la mesa del comedor, siendo follada intensamente por un joven negro flaco y alto. El muchacho seguía embistiéndola con fuerza, sin detenerse ni siquiera al oír la puerta, con la botella de agua todavía en la mano. El marido se puso rojo de furia y celos. Al ver al tipo tan joven y negro, su mente explotó en la peor interpretación posible: “¡Hija de puta! ¡Me está poniendo los cachos con un trabajador de la zona! ¡Con un negro! Seguro porque tienen la verga grande… ¡La muy puta!” —¡MELINA! ¿¡QUÉ ESTÁS HACIENDO!? —gritó con toda su rabia, dejando caer las bolsas al piso. El joven guerrillero negro solo giró la cabeza, sonrió con arrogancia y siguió follándola sin sacarla, dando un par de embestidas más fuertes como desafío.