1. Los deslices de Bárbara


    Fecha: 15/04/2019, Categorías: Sexo con Maduras Autor: DENYS PERVERSO, Fuente: CuentoRelatos

    ... nariz, extrajo su flexible musculo bucal tan tímidamente que al ser contacto con la mucosa y el clítoris Bárbara lo jalo bruscamente enterrando el rostro dentro de su vagina, Fausto sacio su deseo de probar la miel del sexo anegado de su calenturienta ama, ella batía anhelante su frondosa cadera apretujando las piernas mientras fausto deslizaba la lengua rosando su clítoris y provocándole una sensación delirante.
    
    —¡basta no quiero correrme de esa manera!
    
    Miro el rostro de Fausto brillante por sus abundantes emanaciones y buscando a tientas el dulce que le había sido arrebatado de la boca.
    
    —ven mi rey ahora te voy a dar algo aún más delicioso.
    
    Le llevo a la cama y le despojo de toda su ropa de manera por demás apresurada.
    
    La trusa ultima prenda en caer dio muestras del enorme paquete que el joven ciego guardaba bajo ella.
    
    Bárbara no pudo dejar expresar admiración al contemplar tan desafiante trozo.
    
    —¡Mira nada más que delicioso ejemplar ocultabas mi cielo!
    
    Bárbara admiraba con evidente codicia las dimensiones del coloso que pronto retozaría dentro de su persona. Un súbito deseo se apodero de ella y sin pensarlo lo tomo de la raíz y lo introdujo en su boca, sus labios rodearon la candente barra y sus mejillas se hundían al succionarlo golosamente, Fausto se quejaba casi en silencio el calor y la humedad de la boca de la hambrienta hembra lo estaban enloqueciendo y sus ojos apagados parecían salir de sus cuencas.
    
    —amita por favor pare porque siento ...
    ... que se me escapa el alma.
    
    Bárbara cesó su torturante labor convencida de que después de aquello y con mucha prudencia de su parte lograría su orgasmo antes de que el joven invidente anegara su cavidad con la lava ardiente de su semen.
    
    —ven querido móntate encima de mí.
    
    —¿no estaré muy pesado para usted amita?
    
    —con lo feliz que me vas hacer seguramente ni notare el peso de tu cuerpo.
    
    Fausto contenía su aliento y su potente erección chocaba con la panocha de Bárbara y provocaba en ella auténticas descargas de excitación, ansiosa bajo su mano derecha y atrapo el candente perno y guio directo a su hoguera.
    
    —empuja mi amor.
    
    Aquello más que una orden era una súplica delirante de urgencia pasional.
    
    —no le haré daño amita me dolería hasta el alma lastimarla después de que ha sido tan generosa al dejarme tocar su panochita.
    
    —ah me haces más daño retardando la profanación de mi persona te aseguro que mi hueco puede tragarse toda tu virilidad y más si fuera necesario.
    
    Y era verdad Bárbara había sido cohabitada por un tío hermano de su padre que su fama era debida a la portentosa longitud y espesor de su aditamento sexual, pero esa es otra historia.
    
    Las dimensiones del joven ciego eran casi semejantes al de su tío solo que la cabeza de la verga de Fausto era más delgada y corta. En cambio, era ligeramente más gorda.
    
    Fausto empujo con temor, aun así, la enrojecida testa resbalo por el húmedo barreno, arrancando los primeros quejidos de Bárbara.
    
    —no te ...