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No me llames “vaca gorda”
Fecha: 16/08/2026, Categorías: Tus Relatos Autor: VillaEgo, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... siquiera un dedo. Luis ni lo intentaba. Pero Alex me puso boca abajo, me levantó las nalgas, y empezó a lamer. Me lamió el culo como si fuera un helado. La lengua me penetraba, me rodeaba, me humedecía. Me mordió las nalgas, dejando marcas. Me nalgueó una y otra vez, la mano sonaba como un látigo contra mi piel. La humillación me quemaba, pero también sentía una electricidad rara en el vientre. Luego vino la mano otra vez, pero esta vez en el ano. Primero un dedo, luego dos, luego tres. Me pidió que me relajara, pero era imposible. Cuando metió la mano completa por el culo, grité con todas mis fuerzas. Fue un grito desgarrador, de dolor puro. Pero el departamento tenía aislamiento de ruidos. Nadie me escuchó. —Así, vaca gorda —decía—. Abre bien ese culo. Después de la mano, vino un consolador. Pequeño al principio, luego mediano, luego uno enorme, del tamaño de un brazo. Lo lubricó y lo fue metiendo de a pocos. Sentía que me partía en dos. Lloraba, pero él no paraba. —Una más —decía—. Una más y te dejo descansar. Pero no descansaba. En algún momento, empezó a darme latigazos con un cinturón. Cada golpe dejaba una línea roja en mis nalgas. Yo temblaba, lloraba, suplicaba que parara. Pero él solo reía. —Eres una puta vaca gorda —decía—. Te encanta. No me encantaba. Tenía miedo. Pero estaba atada. No podía irme. Así pasaron cuatro horas. Desde las 6:30 de la tarde hasta las 2 de la madrugada. Cuatro horas de consoladores, manos, nalgadas, latigazos, humillación. Cada ...
... vez que gritaba, el eco se perdía en las paredes insonorizadas. Parte 5: El Cambio de Actitud Cuando finalmente me soltó, estaba agotada, adolorida, temblando. Me desató las esposas y mis brazos cayeron sin fuerza. Me costaba moverme. El ano me ardía, la vagina me dolía, las nalgas me quemaban. Pero entonces él cambió. Se acercó a la cama, se acostó a mi lado, y me acarició el cabello. —¿Estás bien? —preguntó, con voz suave, casi tierna. No entendía. Había pasado cuatro horas llamándome vaca gorda, metiéndome la mano entera por el culo, dándome latigazos, y ahora me hablaba como si fuéramos novios. —Quiero follarte normal —dijo—. Como se debe. Me puso boca arriba, abrió mis piernas, y se montó encima. Me besó la frente, los labios. Me dijo cosas bonitas: que era hermosa, que tenía un cuerpo perfecto, que le gustaba mi olor. Me penetró con su verga, que era grande, dura, y empezó a moverse despacio, rítmicamente. Me miraba a los ojos mientras lo hacía. —Disfruta, mi amor —susurró. Fue extraño. Casi esquizofrénico. Un momento era un degenerado sádico, al siguiente un amante romántico. No sabía quién era realmente. No sabía si debía sentirme halagada o asustada. Terminó dentro de mí, con un gemido, y luego se quedó abrazándome un rato. Yo no sentía nada. Solo quería irme. Parte 6: La Huida Eran las 2 de la madrugada cuando me levanté. Me dolía todo. Caminaba cojeando, con las piernas abiertas para no rozar el ano inflamado. Me vestí rápido, sin mirarlo. Él se sentó ...