-
El trailero y la guardia Nal.
Fecha: 09/09/2026, Categorías: No Consentido Tus Relatos Autor: MonicaZaragoza, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... de subir al tráiler, me dijo: —Hola, hermosa mujercita. Te ves deliciosa, mi reyna. La verdad, no pensé que te fuera a ver hoy. En mi interior pensé: "Solo soy una calienta vergas y nada más". —Y con esa ropa que traes, a cualquiera le paras la verga, mami —añadió. Dicho esto, mi trailero arrancó y comenzó a conducir hacia Veracruz. Observé que detrás de los asientos había una cortina negra. Sonriendo, me preguntó si tenía curiosidad por ver qué había detrás. Asentí, y él me invitó a correr la cortina. Detrás, encontré una cama un poco máspequeña que las individuales, dos o tres cobijas dobladas, una repisa con artículos de aseo personal y dos o tres pequeños cajones que supuse serían para guardar ropa, además de otro cajón debajo de la cama. Sonreí al ver que el camarote estaba limpio, tal como Héctor (el trailero) me había asegurado. —¿Ya terminaste de inspeccionar la parte trasera de la cabina? —me preguntó Héctor. —Como a una hora de aquí pararemos para ir al baño y comprar algo para cenar, pero mientras tanto, ¿quieres una pequeña salchicha? Lo volteé a ver y, pasándome la lengua por los labios, le respondí que sí. Sus ojos se encendieron con una chispa de deseo. Sin decir una palabra, tomó mi mano y la llevó hasta su entrepierna. Sentí la dureza de su miembro a través de la tela de sus jeans. Una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo. —¿Te gusta lo que sientes, mi reyna? —susurró con voz ronca, acercándose a mi oído. Asentí ...
... lentamente, sin poder apartar la mirada de sus labios. Él sonrió con picardía y comenzó a acariciar mi mano sobre su erección. El calor se concentraba en mi vientre, y la excitación crecía a cada segundo. —Quiero sentirte, mi amor —dije con voz temblorosa. Héctor soltó una carcajada y me miró con intensidad. —Tendrás que esperar un poco, preciosa. Pero te prometo que la espera valdrá la pena. Con una sonrisa traviesa, volvió a poner sus manos en el volante y continuó conduciendo hacia la noche. La tensión en la cabina del tráiler era palpable, y cada mirada, cada roce accidental, encendía aún más la llama de la pasión entre nosotros. La tensión en la cabina era casi palpable. Héctor conducía con una mano en el volante y la otra acariciaba mi muslo, subiendo lentamente bajo la corta falda. La tela apenas me cubría, y su tacto me hacía estremecer. —¿Estás segura de que quieres esperar? —susurró con voz ronca. Lo miré a los ojos, sintiendo el deseo apoderándose de mí. La carretera se extendía oscura frente a nosotros, pero mi atención estaba completamente centrada en él. —No creo poder esperar mucho más —respondí con la voz entrecortada. Héctor sonrió con picardía y estacionó el tráiler a un lado de la carretera, en un lugar apartado y oscuro. Apagó el motor y la cabina quedó en silencio, solo interrumpido por nuestra respiración agitada. —Entonces, hagamos esto bien —dijo mientras se acercaba a mí. Con cuidado, me tomó entre sus brazos y me ...