1. Gran confianza entre hermanos


    Fecha: 13/09/2026, Categorías: Incesto Tus Relatos Autor: Marcos, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... empapada.
    Tadeo largó un gemido grave, cerrado, y al ver a su hermanito ahí abajo tragándose su pija con tanta entrega, le agarró la nuca con los dedos firmes. Empezó a moverle la cabeza rítmica y violentamente, encajándole el miembro hasta el fondo sin piedad.
    —Eso, nene... chupámela bien, haceme gemir... mirá cómo te la tragás, la puta madre... —le soplaba Tadeo entre dientes, con los ojos blancos de placer, empujándole la cabeza con más fuerza a medida que sentía que se le venía la explosión.
    A Lucas, el miembro le ahogaba la garganta, haciéndole lagrimear los ojos por la presión y la falta de aire, pero no aflojó ni un milímetro. Al contrario, se aferró a las piernas de su hermano con las manos y siguió succionando con más furia, disfrutando cada segundo de tener esa verga gigante adentro de la boca.
    El cuerpo de Tadeo se puso rígido de golpe. Con un tirón seco, le empujó la cabeza hasta el fondo y le soltó toda la carga de golpe. El semen espeso, caliente y en chorros interminables le inundó la boca a Lucas, llenándosela tanto que casi no le entraba más, chorreándole un poco por la comisura de los labios mientras tragaba con desesperación para no ahogarse.
    Cuando terminó de descargarle toda la leche adentro, Tadeo se dejó caer hacia atrás en el colchón, respirando con la boca abierta. Lucas levantó la cabeza chorreando, con los labios blancos y la boca estallada de semen, imitando exactamente lo que su hermano había hecho antes. Se le tiró encima de golpe, le ...
    ... encajó los labios en un beso hondo y desesperado, y le volcó toda la carga acumulada, compartiendo el gusto espeso y caliente de la leche entre las lenguas en medio de un frenesí total.
    Empapados de sudor y semen y una adrenalina que todavía les latía en las sienes, se fundieron en un abrazo apretado, larguísimo, sintiendo los latidos del otro contra el pecho. En ese silencio espeso quedó sellado de por vida el pacto clandestino de complicidad, afecto y una confianza que ya no conocía ningún tipo de límites.
    Después de un rato largo, con las piernas todavía flojas, se levantaron de la cama desordenada y fueron juntos al baño. Se metieron a la ducha compartida bajo el chorro de agua tibia que les lavó la piel, sacándoles los restos de la tarde y bajándoles de golpe la temperatura del cuerpo.
    Se vistieron rápidamente con lo primero que encontraron y bajaron por la escalera caracol hasta el comedor del departamento.
    Los viejos ya estaban sentados a la mesa, recién llegados de viaje, acomodando los cubiertos y hablando de las valijas. Cuando los pibes entraron a la sala, la madre levantó la vista del plato y los miró frunciendo un poco el ceño, extrañada.
    —¿Qué les pasa a ustedes dos que están con la cara tan roja y transpirada? —les preguntó la madre, con esa intuición intacta de madre que parece adivinarlo todo—. ¿Corrieron un colectivo o se pelearon de nuevo por la tele?
    Lucas y Tadeo cruzaron una mirada rápida, un segundo apenas, cargada de una picardía eléctrica e invisible ...
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