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Cuando mi cuerpo fue su premio y yo creí que era amor. Primera parte
Fecha: 23/09/2026, Categorías: Transexuales Tus Relatos Autor: Shanty, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... con tus primos. Pero te prometo que será mejor. Ellos apenas son unos niños; yo soy hombre. Sé cómo cuidar a alguien como tú. Sé cómo hacerte sentir mujer. Quiero tocarte, acariciarte, sentirte, todo lo que ellos hacen, pero conmigo. Quiero ser yo quien te haga sentir así de especial. Piénsalo bien, no me contestes ahora. Pero mañana dime que sí, ¿sí? Sabes que te quiero, muñequita. Sabes que yo soy el que te va a valorar de verdad. Colgamos la llamada, después me quedé mirando la pared toda la noche. Me pedía entrar en lo más mío, en lo que solo yo conocía. Me pedía ser lo que era en secreto, pero con él. Tenía miedo, un miedo real y frío. Pero sus palabras no se iban: "la mujer más perfecta", "eres especial", "te voy a valorar". Y antes de que saliera el sol, ya sabía qué le iba a decir. Lo que Miguel tomó, lo que yo guardé Desde muy chica aprendí a callar y obedecer. Eso llevaba tatuado dentro, y fue justo lo que él aprovechó. Todavía era pequeña, apenas empezaba a crecer, y mi cuerpo era distinto al de los demás niños: bajita, delgada, con curvas que no debían estar ahí. Mis caderas eran anchas, mis nalgas redondas y firmes, y cuando caminaba se notaba. Tenía el pelo un poco largo oscuro y suave. Mi cara no tenía nada de niño: ojos grandes y suaves, labios llenos, facciones delicadas. De frente dudaban, pero de espaldas nadie adivinaba lo que era. En la escuela se burlaban sin parar: "pareces niña", "camina como nena". ...
... Hasta mi tía me agarraba de las nalgas y decía: "si hubieras nacido vieja", todos andarían locos por ti". Yo me sentía mal, rara, como si estuviera mal existir así. Un día al salir del colegio, iba camindo yo sola, con la cabeza baja, cuando él me habló. Miguel era mayor, muy mayor: un poco más alto que yo, muy robusto, pesado, el pelo completamente blanco y la piel gruesa, manos grandes y ásperas. La cara siempre parecía seria, casi dura. No era guapo, pero su voz era suave cuando quería. Me gritó "señorita", y cuando le dije que era niño, pidió perdón enseguida, amable, tratando de hacerme platica. Me convenció de subir a la camioneta, después de dejarme en la parada del camión que me lleva a mi casa, me dijo que el podía recogerme en la escuela y acercarme a la parada, yo dije que si. Los primeros días fueron muy normales. Me recogía, me hablaba bonito. Pero poco a poco fue mostrando quién era: me tocaba la rodilla y la dejaba ahí, sin prisa, mirándome fijo; me tomaba la mano y la apretaba fuerte; a veces me acariciaba la mejilla despacio. Me daba vergüenza, pero me gustaba que lo hiciera. Por fin alguien no se burlaba. De pronto un viernes cuando subí a la camioneta me dio un regalo dentro de una bolsa, me pidió que lo guardara y lo abriera solo en mi casa, así me llevo a mi parada, pero antes de irse me tomó la cara con las dos manos, me acercó a él y me besó justo en la orilla de los labios, mirándome directo a los ojos: —Te quiero. Y se fue. Encerrada ...