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Un error que me costó caro...
Fecha: 19/10/2026, Categorías: Infidelidad Tus Relatos Autor: ELRISA, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... conductor se subió con el muchacho y llegaron a donde yo estaba: —Ah, señito, ¿qué es lo que pasa?—. A mí se me olvidó describirles cómo iba vestida. Como sabía del viaje y del calor que hace en estos pueblos, me fui con un vestido de una sola pieza que me llegaba a la rodilla, pero con el movimiento del camino se me subía a media pierna. El conductor, apenas me vio, me tiró una mirada pervertida. Yo traté de acomodarme la falda disimuladamente y le comenté el problema, tal como se lo había comentado al cobrador. El muchacho le dijo: —Espere, yo hablo con mi jefe y me va a decir que no, que por qué no le habíamos cobrado antes de subir o si usted le había comentado—. Pero yo le respondí que no me había dado cuenta sino cuando llegó el muchacho a cobrar, y él me decía: —Ay, ¿y entonces qué hacemos? ¿Qué hacemos entonces, doñita? Cuénteme—. Yo le dije que esperara, que iba a intentar hacer una llamada; que fueran a almorzar y a hacer sus vueltas, y que nos encontráramos nuevamente ahí. Les propuse que, como garantía, les dejaba la maleta mientras yo iba a ver si podía hacer la llamada o comunicarme con la señora donde me iba a quedar. Ellos aceptaron y bajamos los tres; luego cerraron la puerta con seguro. Noté que el pueblo se veía limpio y amable. Como llegamos un sábado, había una cantina abierta y los hombres enseguida giraron hacia donde yo estaba, con miradas incrédulas al ver a una mujer mona por esa zona. Le pregunté al muchacho cobrador dónde era buena la señal por ...
... aquí para intentar hacer mi llamada, y me señaló un árbol grande que estaba en una lomita: —Hacia allá, vaya con cuidado—. Yo le pedí que si me podía acompañar, porque me daba miedo ya que no conocía a nadie por ahí. Él no puso reparos y enseguida se acercó. En el camino me iba comentando: —Hombre, ¿cómo se le quedó esa plata allá? ¿Usted no revisó?—, y no me quitaba la mirada de mi escote ni de mis piernas. Cuando subí a la loma, él se quedó abajo. Yo revisaba el celular y trataba de coger señal; marcaba una o dos rayitas. Intenté marcarle a mi novio Alfredo y, para alegría mía, me pude comunicar, pero la llamada se entrecortaba: ni él me oía ni yo lo oía bien a él, era un despelote de allá para acá. Las lágrimas ya se asomaban en mis ojos por la impotencia que sentía. Nuevamente traté de llamar y la señal se iba enseguida. Así duré como media hora, hasta que el muchacho me dijo: —Ahora regreso—, porque ya se le notaba la cara de aburrido y veía que el conductor, su jefe, lo estaba llamando. Me quedé sola como media hora más, pero todo fue en vano: no pude hacer la llamada. Bajé a donde estaban ellos y les comuniqué lo que había pasado. Me dijeron: —Siéntese aquí, nosotros la invitamos a almorzar y después arreglamos a ver qué hacemos—. La verdad es que ya tenía mucha hambre. El conductor pidió tres almuerzos y, por ser comida de campo, la sentí deliciosa y sabrosa. Ahí nos quedamos un rato después del almuerzo y ya eran como las tres de la tarde. De la alegría pasé otra ...