1. Un error que me costó caro...


    Fecha: 19/10/2026, Categorías: Infidelidad Tus Relatos Autor: ELRISA, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... a las nueve de la noche llegaron ambos, se subieron al bus y cerraron la puerta.
    —Bueno, pues a dormir —dijo el conductor.
    El joven cobrador cogió mi maleta y la colocó en todo el pasillo del bus. El conductor pasó hacia el lado donde yo estaba, así que el que iba a dormir a mi lado era él. El joven se tiró al piso y colocó la cabeza sobre la maleta que yo le había dado.
    —Bueno, doñita, acomódese que vamos a dormir para madrugar temprano —me dijo el conductor.
    Yo medio le sonreí y le dije: —Sí, señor—.
    Vi que él se acomodó de medio lado, pegando el cuerpo a la ventanilla y dejando medio cuerpo hacia el pasillo del bus. Yo traté de hacer lo mismo, pero no pude quedarme dormida y me quedé en la posición en la que estaba. Trataba de pegar el ojo pero no podía. Medio los abría de vez en cuando y veía al joven que estaba en el suelo hablando por celular; luego miré con el rabo del ojo y vi al viejo conductor. No sé si se hacía el dormido, pero le oía unos ronquidos pequeños, como si estuviera profundamente dormido. Ahí me tranquilicé un poco y traté de dormirme también.
    No sé cuánto tiempo pasó cuando sentí unas manos que me estaban acariciando las piernas. Medio abrí los ojos para ver qué era y, ¡oh, sorpresa la mía!, el viejo conductor se había colocado a mi lado y me estaba acariciando las piernas. Se había quitado la camisa; ¡qué cosa tan horrible!, tenía una barriga prominente con pelos por todos lados y esos brazos parecían los de un gorila. Dirigí la vista hacia el ...
    ... otro lado y vi que el joven cobrador estaba mirando lentamente todo lo que pasaba.
    Yo me hice la que estaba dormida para no moverme y esperar a ver si era que solo me estaban tocando por encima y ya me iban a dejar quieta. El viejo siguió con los manoseos en mis piernas; me sobaba las piernas, me llevaba la falda hacia abajo y trataba de subirla, pero como yo tenía las piernas apretadas, no lograba su objetivo. Siguió con sus movimientos por un rato. Yo seguía con los ojos haciendo que dormía, pero medio abiertos. Mi respiración se estaba volviendo un poco agitada y pensaba que me iba a delatar, pero era por el mismo miedo que sentía. Nunca en la vida, aparte de Alfredo, alguien me había puesto las manos encima; esto que me estaba sucediendo nunca me lo imaginé.
    De pronto, me acercó la cara al cuello y olí su aliento rancio, a viejo y a cerveza. Me asusté todavía más. Cuando vi que me colocó la mano sobre el pecho suavemente, me la dejó ahí y miró al cobrador haciendo un gesto como diciendo: «Está bien buena esta hijueputa». Volvió a bajar la mano a mis piernas y no sé cómo logró separar el poco de tela de mi vestido que yo tenía apretado entre las rodillas, dejando mis piernas libres. Aprovechó esto, metió la mano más arriba y, casi a medio muslo, me estaba sudando ambas piernas. Yo sentía esa mano áspera y robusta, una mano grande de campesino de trabajo.
    Siguió manoseando mis piernas. Yo no sabía qué hacer, si despertarme y gritarle; estaba en una encrucijada que me costó ...
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