1. Un error que me costó caro...


    Fecha: 19/10/2026, Categorías: Infidelidad Tus Relatos Autor: ELRISA, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... muy caro pensar mucho, porque cuando menos lo esperé, ya el viejo estaba colocando las manos cerca de mis partes íntimas. Me sobaba de arriba a abajo como si estuviera amasando una masa; subía y bajaba por ambas piernas y ya le sentía la respiración agitada. El joven cobrador ya se había quitado el suéter también. Yo no sabía qué hacer, se me estaba agitando la respiración y pronto se iban a dar cuenta de que estaba despierta; temía que fueran a pensar que me estaba gustando. No sabía qué hacer, en verdad.
    Nuevamente subió la mano, la dejó plantada ahí y medio me tocaba los bordes del interior por los lados. Yo opté por despertarme y le pregunté: —¿Qué hacen? ¿Qué están haciendo? ¡Suélteme, por favor! ¿Qué es esto? ¡Suélteme, por favor! ¡Suélteme! ¿Qué hace usted?
    El hombre no sacó la mano; con la otra mano me la pasó por la espalda, me agarró la cabeza y me dijo: —Mamita, de alguna forma tienes que pagar el favor que te hicimos. Mira, estás durmiendo aquí en nuestro bus sin pagar un peso, te solucionamos lo de la maleta, lo del pasaje, lo de la señora esa y tu estadía aquí hasta el lunes. Tienes que pagar con algo.
    A lo que yo le dije que el lunes le pagaba todo, pero ellos dijeron: —No, señorita, necesitamos una propina, necesitamos un cariño. Somos hombres solos y de esta no te salva nadie, así que colabora para que las cosas sean más amables, porque aquí donde estamos no te va a oír nadie. Así que tú decides.
    Eso me cayó como un balde de agua fría. Miré por la ...
    ... ventanilla y no veía nada; era completa oscuridad. Nuevamente las manos de ellos estaban sobre mí; él siguió acariciándome las piernas (ya me había quitado la mano de la espalda). Comenzaron a salírseme las lágrimas y él notó que yo iba a empezar a llorar; sacó su mano del vestido donde la tenía y me acarició la cara: —No llores, chiquita, que no te va a pasar nada. Solo un ratico de diversión; ya mañana estarás bien y cumplirás con lo que viniste a hacer. La pasamos los tres aquí rico y todo al olvido; el lunes todo vuelve a la normalidad. Colabora, que nosotros te colaboramos—.
    A lo que bajó nuevamente la mano, ya sin ningún descaro, a mis piernas y comenzó a sobarme. Me subió el vestido, no sé en qué momento, pero por la fuerza que tenía me lo subió y me lo arrancó de un solo tirón; me lo pasó por encima de la cabeza. Yo quedé ahí, solamente con mi tanga y mi brasier.
    Yo le recriminé: —¡Por favor, por favor! ¿Qué hace? ¿Qué hace? No me haga esto, ¿cómo se atreve?
    Pero nuevamente me colocó las manos sobre mis piernas, esas manos ásperas, y comenzó a apretarme; trataba de meter la mano en medio de mis piernas, en mi raja, pero yo las tenía bien apretadas. Con la otra mano me agarró nuevamente por encima de la cabeza, me tomó el seno izquierdo y comenzó a masajearlo. Yo pataleaba como loca para que me dejara.
    Cuando veo, es el cobrador el que se une a la fiesta: me agarró las piernas con fuerza para que no las moviera y me dijo: —Quédese quieta, señita, quédese quieta, que le ...
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