1. EL SEÑOR BALTAZAR y Sus dos Putas Hija y Madre


    Fecha: 22/10/2026, Categorías: Infidelidad Tus Relatos Autor: Cacherox100, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... hacia mas grande y dificil de ignorar.
    
    Ricardo sintió algo en la boca del estómago. Una cosita tibia, rara. No era celos. Era... morbo.
    
    ¿Este viejo la está mirando como se mira a una mujer? se preguntó. ¿A una nena ?
    
    Y la respuesta, mientras seguía observándolo, era sí. Sí, la estaba mirando así.
    
    —Papá —dijo Lucía, dándole un paquetito rosa—, ¿estas?
    
    Ricardo parpadeó y se giró. Cuando volvió a mirar hacia la columna, el viejo ya no estaba.
    
    O eso creía.
    
    —Perdone —dijo una voz grave, muy grave, detrás de él.
    
    Ricardo se giró y ahí estaba. De cerca era todavía más grande. Le sacaba media cabeza. La barriga casi le rozaba.
    
    —Perdone usted —repitió el viejo, con un acento suave, y una voz gruesa y ronca—. Es que la he estado mirando a su hija y quiero disculparme por lo maleducado.
    
    —No, no, por favor —dijo Ricardo, sonriendo—. Si no molestaba.
    
    —Es que es muy bonita —dijo el viejo. Y luego, bajando la voz, como si confesara un pecado—: Muy bonita.
    
    Ese "muy bonita" dicho así, con esa voz, hizo que a Ricardo se le erizara algo.
    
    El viejo extendió una mano enorme.
    
    —Baltasar.
    
    —Ricardo.
    
    La mano del viejo le envolvió la suya entera, caliente y áspera.
    
    Lucía se había escondido detrás de la pierna de su padre y miraba al gigante negro con los ojos muy abiertos, sin decir nada. El viejo bajó la mirada hacia ella, y por un segundo, solo un segundo, la cara se le puso distinta. Se le puso blanda. Se le puso hambrienta.
    
    —Y esta princesa, ...
    ... ¿cómo se llama?
    
    —Lucía —dijo Ricardo.
    
    —Lucía —repitió el viejo, y lo dijo despacio, saboreándolo.
    
    Se agachó. Con esas piernas y esa barriga le costó, pero se agachó hasta quedar a la altura de la nena, y desde ahí, desde tan cerca, le dijo:
    
    —¿Sabes que tienes unos ojos preciosos?
    
    Lucía asintió, tímida.
    
    —¿Y qué estás comprando?
    
    —Braguitas —dijo la nena, con la vocecita.
    
    El viejo se rió. Una risa honda que le hizo temblar la barriga.
    
    —Pues yo te las voy a regalar —dijo—. Elige las que más te gusten. Todas las que quieras.
    
    Y así, sin más, en menos de diez minutos, el señor Baltasar le había comprado seis braguitas a la hija de Ricardo y ya estaban los tres tomando un refresco en la cafetería del centro comercial, como si se conocieran de años.
    
    Ricardo se lo contaba a sí mismo mientras el viejo hablaba: había sido rápido. Muy rápido. Y sin embargo no se sentía forzado. El viejo tenía esa cosa de los hombres viejos, esa seguridad pesada que hace que todo lo que hacen parezca natural.
    
    Antes de despedirse, Baltasar le dio su número.
    
    —Vivo solo, en una casa vieja con jardín —dijo—. Enorme para mí solo. Trae a la nena algún día, que le enseñe los pájaros. Tengo un estanque con peces.
    
    Ricardo guardó el número en el móvil.
    
    Esa noche, en la cama,  Ricardo no podia olvidar todo lo que paso ese dia . Como el viejo se quedo mirando a su hija de una forma lasciva y mientras pensaba eso . Se comenzaba a exitar un poco y el pene comenzaba a recobrar ...
«1234...»