1. A los Pies de Doña Rosita. Capítulo 1: La reunión


    Fecha: 03/11/2026, Categorías: Fetichismo Tus Relatos Autor: Perro Esclavo de Pies, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... oportunidades.
    
    La mujer le dijo que su nombre era Rosita, doña Rosita, y Herman le dijo que estaba interesado en contratarla para limpiar su casa (dejando de lado las verdaderas intenciones de Herman, esas ya las revelaría más tarde cuando fuera apropiado), él le dio su dirección y acordaron que ella llegaría a casa de Herman el martes a las 3:00 de la tarde para que ella viera la casa y él le daría indicaciones sobre sus labores domésticas.
    
    — oOo —
    
    La mansión de Herman estaba impecable, era un hombre que le gustaba la limpieza y se esmeraba en ello. Se bañó y se puso una camisa blanca de vestir, junto con sus pantalones formales y sus zapatos de cuero, quería dar una buena impresión a la señora Rosita. 
    
    Si realmente quería convencerla de participar en su fantasía lo mínimo que podía hacer era verse bien y mostrarse amable y educado, lo último que quería era que la mujer lo tachara de loco y degenerado (aunque un poco degenerado sí que era, aunque lo trataba de ocultar).
    
    Mientras tanto doña Rosita iba sentada en el camión, el camino desde colonia humilde donde ella vivía hasta la lujosa colonia donde vivía Herman era algo largo, ella no tenía un auto, no le alcanzaba el dinero para eso, afortunadamente había justo un camión que la llevaría y la dejaría muy cerca.
    
    Rosita iba vestida con la ropa que normalmente utilizaba para trabajar: su vestido floreado sencillo, su delantal color rosa a cuadros, sus tradicionales huaraches de cuero marrón que ha utilizado ...
    ... día a día durante años; en resumen, iba como cualquier señora mexicana de clase humilde.
    
    Eran las 3:05 de la tarde cuando sonó el timbre de la mansión de Herman, su corazón se aceleró de inmediato cuando fue a abrir la puerta.
    
    —Buenas tardes, señor Herman, soy doña Rosa, ¿puedo pasar? —dijo la señora con una sonrisa amable en la cara.
    
    Al ver por primera vez a la señora Rosita Herman se emocionó de inmediato, y trato en lo posible de enmascarar su sentimiento. Rosita era físicamente lo que uno esperaría de una señora mexicana de clase trabajadora, parecía estar en sus cincuenta años, su piel era morena y un poco arrugada, era un poco gordita y bastante bajita, seguramente no pasaba los 160 cm de altura, su cara mostraba claramente sus rasgos indígenas muy marcados, sus ojos y su pelo eran de un negro oscuro y hermoso, y su cabello estaba bien peinado en una sola trenza.
    
    Y luego los ojos de Herman bajaron a los pies de Rosita: la joya de la corona. Vio sus morenos pies calzados en esos viejos huaraches y su corazón se emocionó. Noto brevemente como sus pies eran algo anchos y gorditos, con uñas al natural, dedos cortos y piel morena y arrugada. 
    
    Puede que para cualquier otro hombre aquella mujer no representara ningún atractivo, sin embargo, había algo en ella que seducía a Herman, tenía muy claro su fantasía de ser dominado por una mujer como aquella: sencilla, común, de clase trabajadora. Rosita era la mujer de sus fantasías.
    
    —Claro que sí, pase usted. Qué ...
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