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A los Pies de Doña Rosita. Capítulo 1: La reunión
Fecha: 03/11/2026, Categorías: Fetichismo Tus Relatos Autor: Perro Esclavo de Pies, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... muy extraño los juegos de dominación femenina son un fetiche muy común entre los hombres, incluyéndome, aunque a la mayoría le dé vergüenza admitirlo en voz alta. —Y si es algo tan común ¿por qué mejor no contratar a otra mujer, no lo sé, tal vez alguna un poco más joven, que por lo menos sepa lo que usted me está pidiendo? —Sé que es un poco difícil de entender, pero creo que hay algo especial en usted, señora Rosita, que me parece prometedor —dice Herman con una sonrisa carismática. —Mire, una disculpa, pero realmente no creo ser la persona adecuada para el trabajo que está pidiendo. Creo que será mejor que me vaya ahora para no perder más tiempo. Herman se siente algo herido por sus palabras, pero respeta completamente la decisión de la mujer. —Lo entiendo. No hay problema. Es una pena, creí que usted podía haber hecho un buen trabajo, pero no la forzaré más —seguido se levanta del sofá y señala a Rosita el camino a la entrada de la casa para finalmente despedirla. —Solo una última cosa —dice el hombre sacando un sobre amarillo de dentro de su bolsillo y ofreciéndoselo a la mujer —Tómelo, es únicamente por las molestias de hacerla venir hasta mi casa. Rosita mira el sobre de reojo, siente algo de pena de aceptar una paga sin haber hecho ningún trabajo, pero en el fondo sabe que el dinero realmente le vendría bien. Finalmente, se atreve a agarrarlo. —Gracias. No fue ninguna molestia. Espero que encuentre a la trabajadora adecuada para sus ...
... necesidades. — oOo — Rosita tomó el camión de vuelta a casa, cuando llegó el sol ya se estaba poniendo. Abrió la puerta y lo primero que se topó fue a Marisol, su hija adolescente, cocinando algo en la pequeña estufa de la humilde cocina. —Hola, ma’, ya llegaste. ¿Cómo te fue buscando chamba? ¿Si te contrataron en esa casa de ricachones? —dijo mientras batía un huevo frito en un sartén. —No, mija, no me contrataron, pero no te agüites, que voy a seguir buscando mañana, ya vas a ver —dijo Rosita, claramente ocultando toda la situación con el señor Herman —¿te estás haciendo huevito para cenar? —Ah, sí. Llegué de la secu’ y no estabas, y pues no había nada pa’ comer en el refri’, así que me quise cocinar algo, y el huevito es lo único que me sé hacer —dijo la chica con una risita mientras apagaba el fuego y se servía la cena en un plato de plástico. Marisol era una chica de secundaria común y corriente. Tenía la piel morena igual que su madre, y los ojos y el pelo negro azabache igual que su madre. Sin embargo, ella era más delgada, apenas unos centímetros más alta, y su actitud seguía siendo bastante infantil y risueña, propio de su edad. —Ta’ bien, nomás recoges los trastes cuando acabes, eh. —le dijo la madre —oye, y por qué sigues con el uniforme puesto, niña, siempre te digo que te lo quites al llegar, no ves que luego lo ensucias más y yo tengo que andar tallándolo —dijo regañándola enojada, como a menudo tenía que decirle las cosas a su hija. El uniforme de ...