1. A los Pies de Doña Rosita. Capítulo 2: La primera sesión de Rosita


    Fecha: 03/11/2026, Categorías: Fetichismo Tus Relatos Autor: Perro Esclavo de Pies, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... masaje de pies, doña Rosita?
    
    Tanto Herman como Rosita fijaron sus ojos en los morenos pies de la mujer, calzados con esos viejos huaraches de cuero que había usado durante tantos años.
    
    —Mmm… no lo sé. ¿Está seguro de que quiere darme un masaje? Es que hoy estuve en el camión y después tuve que caminar un rato por la calle, y con el calor del día he de traer los pies algo sudados —dijo la mujer con un poco de pena en el rostro.
    
    —Tranquila, no se preocupe por eso. Le aseguro que no me molesta el sudor o el olor en absoluto. Es más, para mí sería un gran honor poderle dar un masaje de pies —dijo con su voz reconfortante—. Además, tomé un curso de masajes hace un tiempo, y le garantizo que mis manos son *casi* *mágicas.*
    
    Rosita sonrió un poquito y se detuvo a pensar, finalmente dijo:
    
    —Okey, okey, si es usted tan insistente aceptaré el masaje. Pero luego si no le gusta el olor no me eche la bronca —dijo con una leve risita.
    
    —Perfecto, déjeme le acomodo un escabel para que tenga sus pies en una posición más cómoda.
    
    Herman tomó el pequeño mueble forrado con un cómodo cojín rojo y lo colocó frente al sofá justo donde estaba sentada Rosita. Se arrodilló frente a ella, tomó delicadamente ambos pies y los colocó por sobre el reposapiés. Tener los pies y las piernas ligeramente elevadas del suelo ayudó a la mujer a liberar la presión que sentía en la zona por la caminata que dio.
    
    —¿Puedo? —preguntó Herman mientras tomaba el huarache derecho.
    
    Rosita asintió ...
    ... y el hombre comenzó a descalzarla con suavidad y esmero, para luego colocar el calzado en el piso junto al escabel. En cuanto el pie derecho fue liberado de aquel huarache en el que había estado resguardado todo el día el fuerte olor del sudor comenzó a esparcirse.
    
    Realizó lo mismo con el huarache izquierdo y el olor agrio se magnificó en la habitación. El hedor del sudor era notablemente agrio, pesado y penetrante, similar al del queso fuerte, al vinagre viejo o al de una cebolla húmeda. 
    
    Para la gran mayoría de las personas este hedor a sudor de pies habría resultado desagradable, sin embargo, para Herman, quien tenía un firme fetiche por los pies femeninos, el sentir este hedor era como estar en el cielo. Para él el solo hecho de que su nariz pudiera sentir la esencia de los pies de dicha mujer era todo un privilegio y una fantasía cumplida.
    
    —Ve, doña Rosita, justo como le había dicho, el olor no es una molestia en absoluto­. ¿Puedo comenzar con el masaje?
    
    —Claro que sí.
    
    Herman tomó el pie derecho con ambas manos y comenzó a hacer círculos firmes con los pulgares en la rugosa piel de los arcos de Rosita. En cuanto toco su piel, notó claramente que sus plantas estaban completamente húmedas de sudor, el cual se estaba embarrando en las palmas del hombre poco a poco cada que masajeaba. 
    
    Ver de primera mano estos pies morenos, rugosos, anchos y carnosos y poder estar tocándolos y masajeándolos activó una fuerte señal de placer en el cerebro de Herman, que ...
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