1. A los Pies de Doña Rosita. Capítulo 2: La primera sesión de Rosita


    Fecha: 03/11/2026, Categorías: Fetichismo Tus Relatos Autor: Perro Esclavo de Pies, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... incontrolablemente provocó una vigorosa erección en su pene; afortunadamente el pantalón y la posición en la que estaba arrodillando ocultaría este hecho a Rosita.
    
    —¡Ay, ay, diosito! Que bien se siente, mmh… —exclamó Rosita mientras cerraba los ojos y se dejaba llevar por la emoción. Sentía como toda la tensión del día acumulada en sus maduras plantas se liberaba con cada movimiento de los dedos de Herman.
    
    —Te dije que mis manos eran *mágicas*.
    
    Herman cambiaba continuamente entre el pie derecho y el izquierdo, tratando de darle a cada uno el debido trabajo y dedicación que merecían. Pasaba de masajear el arco a los dedos, luego al empeine, la bola de las plantas y los talones. Usaba las distintas técnicas que había aprendido en su curso y se esmeraba en darle el mayor placer y relajación a Rosita, quien seguía cómodamente recostada en el sillón con los ojos aún cerrados.
    
    Tocar esas plantas morenas y maduras era todo un privilegio a los ojos de Herman. Con la cara a tan cerca de los pies de Rosita era capaz de admirar en toda su gloria sus detalles, incluso los más mínimos. Pasaban los minutos mientras masajeaba y el hombre se estaba quedando hipnotizado por esas plantas: morenas, húmedas, maduras, rugosas, con los talones agrietados y resecos, propios de la edad de la mujer. Tal vez algún día podría darle una pedicura para mejorar su aspecto, pero por el momento esos pies eran todo lo que necesitaba.
    
    Después de un rato de masajear Herman paso a mirar a Rosita, ...
    ... descansaba tranquila con los ojos cerrados. Masajear estaba muy bien, pero él necesitaba tener un poco más de contacto con esos pies que le estaban volviendo loco, así que de la forma más discreta posible acerco su cara a tan solo unos centímetros de las plantas. El hedor que salían de ellas era increíble, con lo cerca que estaba casi podía sentir la esencia del sudor evaporándose en su rostro.
    
    Finalmente, se aventuró y restregó su nariz contra el arco del pie derecho, inhaló profundamente y sintió como ese hedor a queso viejo se metió por todo su sistema respiratorio y lleno sus pulmones por completo. Su corazón latía al mil y su erección se apretaba contra su pantalón abultado. Estaba a punto de llegar al clímax.
    
    Movió su nariz y la pegó contra los dedos del pie izquierdo, volvió a inhalar profundo y se volvió a encontrar con ese olor tan característico del sudor de sus pies. Como un sabueso fue oliendo cada rincón de esos pies tan maravillosos, fascinándose más con cada nueva inhalación que hacía. 
    
    Además del olor, Herman disfrutaba enormemente del contacto que hacía su nariz y parte de sus labios contra la planta rugosa de Rosita, cada que se movía y se frotaba contra ella podía sentir suavemente la textura de la piel morena de esa mujer madura. Tener el rostro pegado a los pies sudorosos de tan magnífica mujer eran como estar en el cielo mismo.
    
    El placer de oler esos pies era tanto para Herman que por un momento se disoció y olvidó por completo que se supone ...
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