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A los Pies de Doña Rosita. Capítulo 2: La primera sesión de Rosita
Fecha: 03/11/2026, Categorías: Fetichismo Tus Relatos Autor: Perro Esclavo de Pies, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... que debería estar haciéndole un masaje a Rosita, cuando recobró la conciencia de sí mismo levantó la mira hacia Rosita, aún con la nariz pegada al arco izquierdo y lo primero que vio fue la cara de sorpresa de la mujer, con los ojos bien abiertos, recostada en el sofá. —Ehhh… una disculpa, señora Rosita. Me dejé llevar por el momento. No estuvo bien, debí a haber pedido permiso antes … —dijo nerviosamente Herman, mientras quitaba la nariz del pie de la mujer y recomponía su postura arrodillada frente al escabel. —Wow, parece que realmente lo estaba disfrutando, jaja —respondió Rosita mientras dejaba escapar una risita, lo extraño de la situación le causaba algo de gracia—. No se preocupe, Herman. Después de todo usted está pagando esta sesión, por lo menos debería disfrutarlo —dijo con una sonrisa sincera, tratando de reconfortar al hombre—. Además, el masaje estaba siendo realmente relajando, así que ambos estábamos pasando un buen momento. —Sí así es, jaja. Gracias por ser tan comprensiva —dijo Herman, más tranquilo y con menos vergüenza. —Parece ser que aquello que mencionó sobre que el olor de mis pies no le resultaba ninguna molestia era realmente cierto después de todo. No quiero sonar grosera, pero nunca había conocido a un hombre como usted, Herman. Tiene unos gustos algo peculiares … —trataba de arreglar las palabras lo mejor posible para sonar empática. —No me ofende en absoluto. Sé que esto puede parecer un poco bizarro: un hombre al que le gusta el ...
... hedor de unos pies sudorosos, pero le aseguro que para nosotros los fetichistas de pies es todo lo contrario. Para mí este hedor es algo único en el mundo, esta mezcla agria entre queso maduro y vinagre viejo que emana de sus plantas es como estar oliendo una copa de un buen vino italiano. —¡Jajaja! “Como una copa de vino”. Le creeré si usted lo dice —la sola comparación le parecía hilarante—. En ese caso le permite oler mis pies todo lo que guste mientras dure la sesión. —Gracias, señora Rosita. Es realmente un privilegio —respondió Herman con una clara sonrisa en el rostro. Ahora sí con el permiso de la señora Herman regresó su nariz a esas plantas maduras que tanto anhelaba, inhaló con fuerza una y otra vez para ahogarse en ese maravilloso hedor que apenas había conocido el día de hoy, pero del que ya sentía que se había vuelto adicto. Se propuso a oler todos y cada uno de los rincones de las plantas de aquella mujer, paso su nariz desde los dedos pequeños hasta los arcos rugosos de ambos pies y en cada uno de esos espacios húmedos inhaló profundo todo lo que pudo para experimentar al máximo ese hermoso hedor a sudor de pies. Mientras tanto, su corazón no paraba de bombear sangre hacía su pene, lo que le provocaba una robusta erección incontrolable que se apretaba contra el pantalón, podía sentir como el líquido preseminal que salía de su miembro humedecía poco a poco su ropa interior, estaba casi a punto de llegar al clímax sexual. Herman pensó en que ...