-
Sadomasoquismo gay: El obrero de la construcción.
Fecha: 03/11/2026, Categorías: Gays Tus Relatos Autor: Darvej, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
Alphonse era un hermoso jovencito francés, de una muy noble familia, internado en un colegio de elite, el la École des Roches- Ese año, nuevamente, había quedado varado un mes más al fin del año, porque nadie gabía ido a buscarlo para las fiestas. Mientras uno tras otro de sus compañeros dejaban la escuela, él se quedaba solo, esperando en actividades absurdas diseñadas para pasar el tiempo, a cargo del preceptor de turno y de la nodriza encargada de la estancia. Era Alphonse un joven apuesto, de piel blanca como el alabastro, con tiernas pecas, cabellos rubios, casi rojizos, que caían sobre sus preciosos ojos verdes, era pálido, pero de buen semblante, delgado y con esa extraña apariencia de la transición a la vida adulta, una voz que cambiaba, de baja estatura, pero con el garbo y arrogancia propio de su clase social. Lucia hermoso, en especial en ese uniforme escolar, de pantaloncillo corto y altas medias. Una camisa banca y un sweter gris. Ya no había caso se usar ni chaqueta ni corbata. Afuera reinaba el frío invernal en Normandía. Alphonse sabía que algo era distinto en él, algo de lo que se avergonzaba y que prefería tratar de olvidar por negación. No le gustaban las mujeres, y eso lo entristecía, por el profundo rechazo social de su tiempo. Intuía que el rechazo de su padre era, en parte, debido a eso. Luchaba por combatir cada minúsculo razgo de afeminamientos, creyendo que alguien podría darse cuenta. Pero no se puede negar la propia naturaleza. Había llorado por ...
... la partida de un gran amigo, y con eso descubrió que había experimentado su primer enamoramiento. Solo sentía verguenza de sus sentimentos. Pero si había algo de lo que no podía huir era de los sueños eróticos, tan ajenos a la voluntad como incontrolables. Y en ellos era libre, pero al despertar, nuevamente la vergüenza. Esa temporada sin embargo algo extrarodinario ocurrió. La escuela amplió el invernadero y para eso había contratado los servicios de unos carpinteros y albañiles. Dos hombres muy toscos y viejos, pero el tercero, EL TERCERO. Wow, solo verlo, Alphonse olvidó todo su esfuerzo por evadirse. El tercer albañil era un hombre de unos 35 años, hermoso, de belleza infartante, musculoso, de grandes y definidos hombros, y ese torso sobresalía en su camiseta sin mangas de tirantes, y esos jeans, que dejaban nada a la imaginación, de esos que hoy llamamos skinny fit, luciendo hermosas piernas y un bello trasero musucloso de hombre, pantorrillas definidas, y luego botas de trabajo sucias. A la cintura un cinturón de cuero con herramientas, y en su cabeza un casco de obrero amarillo. Y su rostro, bronceado, de nariz cincelada, con una barba naciente de cuatro días, negra, que hacía lucir sus labios carnosos. Su cuerpo, casi sin grasa corporal, relucía al sol, por el sudor de la fanea. Alphonse solo lo veía por la ventana del cuerto piso. Y lo podía obersvar horas. Como se secaba su sudor, sus manos cubiertas de guantes de trabajo, cuando se sacaba el casco y lucia su ...